Los manteros crean un banco de alimentos para sobrevivir durante el confinamiento

El ‘top manta’ se organiza para no caer en el “coronahambre”

Los manteros que a diario venden productos falsificados en las calles de Barcelona son uno de los colectivos más vulnerables. El confinamiento, la falta de turistas y el decreto de estado de alarma los ha expulsado de las calles y los ha dejado sin los pocos euros que ganaban para subsistir.

El autodenominado Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona —Sindicato Mantero— ha creado un banco de alimentos propio para abastecer a los centenares de manteros que cada día extendían, sobre el asfalto de la capital catalana, la manta para vender —sobre todo a turistas— camisetas de equipos de fútbol, zapatillas deportivas o ropa interior. El lunes fue el primer día que miembros de este sindicato repartieron leche, aceite y productos de primera necesidad a cerca de 300 compañeros.

“El coronahambre también mata”, alertaba en las redes sociales Lamine Sarr, uno de los portavoces del Sindicato Mantero. Sarr es un joven senegalés que llegó a Barcelona en patera en 2006. Es poeta y pensador y desde que está en Barcelona las ha visto de todos los colores. Llegó a pisar la cárcel unos días acusado de fabricar, en un piso de la capital catalana, bolsos y bambas falsificados para vender en el top manta. La cárcel y los juicios no le han detenido y sigue apostando por el sindicato y, desde hace unos meses, por la tienda en la que venden productos de la marca Top Manta que ellos gestionan. Desde la firma del decreto del estado de alarma, la actividad en la tienda ha quedado parada. Ahora la utilizan de almacén de alimentos.

Aziz Faye es otro de los portavoces del sindicato mantero. Denuncia que el colectivo está en grado de “máxima” precariedad desde el verano pasado. “A finales de julio, con la nueva coalición en el gobierno municipal, empezó una represión policial bestial contra los compañeros. Cada vez que salíamos a intentar ganarnos la vida teníamos a la policía requisándonos nuestra mercancía. Esa persecución ha continuado todo este tiempo y ahora no hay turistas en las calles y ya no podemos vender nada”, lamenta Faye.

El mantero Lamine Bethily estaba este martes en la tienda Top Manta de la calle d’En Roig en el Raval. “La tenemos cerrada y ahora la utilizamos de almacén de alimentos. Las personas pueden traernos aquí la comida que quieran donar. Aun así, hay mucho miedo y mucha gente que no puede salir de casa. Por eso, cuando nos llaman vamos nosotros a recoger comida allí donde nos digan”, informa Bethily. En la tienda hay varios sacos de arroz, patatas, muchos yogures… “La prioridad es poder entregar alimentos primero a las compañeras que tienen hijos a su cargo”, revela la encargada de la estrategia de reparto. También han abierto una cuenta corriente y con ella compran más alimentos. “Este lunes hemos estado en la zona del Besòs, que es donde viven la mayoría de compañeros. Hemos podido entregar comida a cerca de 300. También estuvimos en el barrio de Sant Roc, en Badalona, con otros compañeros. El colectivo lo está pasando fatal y empiezan a llamarnos manteros de zonas costeras para ver si podemos ayudarles”, asegura el sindicalista. No tienen noticias de que haya vendedores afectados por la pandemia aunque sí, como dice Sarr, les preocupa el “coronahambre”.

 

*extraído de la web a principios de junio del 2020*