{"id":461,"date":"2020-10-02T00:42:27","date_gmt":"2020-10-01T22:42:27","guid":{"rendered":"http:\/\/orange2sky.noblogs.org\/?p=461"},"modified":"2020-10-02T00:42:27","modified_gmt":"2020-10-01T22:42:27","slug":"lesbos-y-la-migracion-como-consecuencia-y-escape-de-la-logica-del-poder-y-del-dinero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/?p=461","title":{"rendered":"Lesbos y la migraci\u00f3n como consecuencia y escape de la logica del Poder y del Dinero"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-462\" src=\"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/files\/2020\/10\/lesbos.png\" alt=\"\" width=\"768\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/files\/2020\/10\/lesbos.png 768w, https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/files\/2020\/10\/lesbos-300x225.png 300w, https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/files\/2020\/10\/lesbos-400x300.png 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/p>\n<p>Eso de colocar l\u00edmites fronterizos en mapas o f\u00edsicamente con muros, rejas \u2026 y puestos de control son otra forma de controlarnos, separarnos y exterminarnos. Lo que est\u00e1 pasando ahora en Grecia (cuya foto del Campo de Moria en Lesbos ha sido usada para esta publicaci\u00f3n) es la consecuencia de esas l\u00f3gicas opresoras en las que incluyen el Poder y el Dinero con las cuales entre pa\u00edses compiten y se castigan con deudas externas ke termina pag\u00e1ndola la poblaci\u00f3n con mano de obra barata en otros pa\u00edses mediante la migraci\u00f3n, surgen las mafias legales e ilegales, las violaciones y muchas otras adversidades.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>He recopilado art\u00edculos y enlaces de videos y audios sobre lo que est\u00e1 sucediendo all\u00e1 en Lesbos, para darnos cuenta que no es un asunto del momento, xq ya lleva a\u00f1os gest\u00e1ndose tanto la opresi\u00f3n como la resistencia.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>ESPECIAL DESDE LESBOS<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\">(art\u00edculos de Patricia Simon)<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>Un incendio destruye el campo de refugiados de Moria<\/strong><\/p>\n<p>Un incendio provocado durante la madrugada de este mi\u00e9rcoles ha destruido gran parte del mayor campo de refugiados de Europa, en la isla griega de Lesbos. Las llamas han obligado a <strong>evacuar a miles de personas<\/strong> y han calcinado tiendas de campa\u00f1a y contenedores-vivienda.<\/p>\n<figure>\n<div>\n<p dir=\"ltr\" lang=\"es\">Decenas de personas duermen en los arcenes tras huir del incendio que est\u00e1 arrasando # Moria, el mayor campo de refugiad@s de Europa: 13.000 personas se han quedado definitivamente sin nada. A la mayor\u00eda no les han dejado salir del per\u00edmetro policial.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" lang=\"es\">https:\/\/nitter . net\/patriciasimon\/status\/1303517364064059393<\/p>\n<p>\u2014 patriciasimon (@ patriciasimon) September 9, 2020<\/p><\/div>\n<\/figure>\n<p>Este campo de refugiados alberga a cerca de 13.000 personas. Aunque por el momento no se han notificado v\u00edctimas mortales, han perdido todo lo que ten\u00edan y <strong>cientos de ellas se encuentran ahora dispersas en los olivares que rodean el campo devastado, en la mayor\u00eda de los casos sin comida ni bebida<\/strong>.<\/p>\n<p>En la entrada de Moria, algunas personas de la zona est\u00e1n insultando a quienes viv\u00edan en este campo de refugiados e intentan ahora pasar por el pueblo. Por el momento, nadie les ha ofrecido una alternativa ni se les ha informado sobre su situaci\u00f3n.<\/p>\n<figure>\n<div>\n<p dir=\"ltr\" lang=\"es\">Mohammed, su mujer y sus 5 hijos tuvieron que huir de Afganist\u00e1n hace dos a\u00f1os por la guerra y la miseria. Tras cruzar en patera desde Turqu\u00eda, llevaban m\u00e1s de un a\u00f1o sobreviviendo en campamento de # Moria. &#8220;Ahora, \u00bfqu\u00e9?&#8221; es todo lo que puede decir mientras acuna a su ni\u00f1a.<\/p>\n<p>https:\/\/nitter . net\/patriciasimon\/status\/1303575078412718081<\/p>\n<p>\u2014 patriciasimon (@ patriciasimon) September 9, 2020<\/p><\/div>\n<\/figure>\n<p>Seg\u00fan informa RTVE, el alcalde de Moria, Yiannis Mastroyiannis, ha confirmado, en declaraciones a la cadena de televisi\u00f3n Skai, que muchos residentes se encuentran en las inmediaciones de Moria. Tambi\u00e9n ha explicado que <strong>el fuego ya est\u00e1 controlado<\/strong>. El encargado gubernamental para los campos de refugiados, Manos Logothetis, por su parte, ha se\u00f1alado que el reto ahora es buscar un alojamiento para estas 13.000 personas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>Para que el infierno sea noticia tiene que arder<\/strong><\/p>\n<p>No hay tristeza entre los refugiados que se han quedado sin su chabola en Moria. Al menos, no m\u00e1s que el d\u00eda antes del incendio que ha arrasado el mayor campo de refugiados de la Uni\u00f3n Europea. No puede haberla porque estas laderas de barracas cercadas por riachuelos de aguas fecales no eran su casa ni su aldea, sino <strong>un absoluto infierno de tortura psicol\u00f3gica.<\/strong> Tanto, que son muchas las personas que afirman que de haber sabido lo que se iban a encontrar en Europa tras salir de Afganist\u00e1n, Iraq, Siria, Yemen\u2026 hubiesen preferido morir en sus pa\u00edses. Y en el caso de este centro, en la isla griega de Lesbos, no es una frase hecha, ni una exageraci\u00f3n, es la reacci\u00f3n l\u00f3gica de mujeres como Sakina Sajadi.<\/p>\n<p>La misma tarde en la que comenz\u00f3 el incendio que ha vuelto a poner Moria en el ojo p\u00fablico, esta afgana se acerc\u00f3 a la chabola de su vecina para pedirnos que, por favor, cuando acab\u00e1semos, ella tambi\u00e9n quer\u00eda ser entrevistada \u2013utilizo el nosotros porque, aunque t\u00e9cnicamente la entrevista la hago yo, para que fuera viable, Samir traduc\u00eda del farsi al turco y Yakub al ingl\u00e9s: la colmena que hace posible el periodismo profesional\u2013.<\/p>\n<p>En un brazo, <strong>Sakina <\/strong>cargaba con una bolsa de pl\u00e1stico. Alrededor del resto del cuerpo le revoloteaban cuatro ni\u00f1os enganchados en el cuadril, a la falda, a la mano, a sus piernas. La fuerza de su determinaci\u00f3n no consegu\u00eda borrar del todo sus 26 a\u00f1os: sigue teniendo cara de ni\u00f1a. Pese al rictus crispado y la mirada incisiva. Pese a que, como casi todos los habitantes de Moria, lleg\u00f3 a esta isla griega con su marido y su prole a bordo de una precaria barcaza en la que, a la fuerza, debes perder algo de inocencia.<\/p>\n<h3>Escasez de respiradores<\/h3>\n<p>La muchacha de rostro redondo con pecas vac\u00eda el bolso sobre la impoluta moqueta que ha colocado sobre pal\u00e9s su vecina <strong>Karishna Ameri, <\/strong>tambi\u00e9n afgana \u2013como m\u00e1s del 80% de los solicitantes de asilo en Lesbos\u2013. El suelo se llena de inhaladores, de informes m\u00e9dicos, de certificados de ONGs muy y poco conocidas, de la ONU y del ACNUR\u2026 Los migrantes y refugiados son seres a los que la burocracia del Norte Global obliga a viajar con poco m\u00e1s que una<strong> funda pl\u00e1stica<\/strong> en la que, a menudo, protegen del mar y las inclemencias sus t\u00edtulos acad\u00e9micos, los n\u00fameros de tel\u00e9fonos de sus madres por si les pasa algo, los certificados de escolarizaci\u00f3n de sus criaturas. <strong>Una carpeta de la que depender\u00e1n sus vidas<\/strong> una vez lleguen a Europa y que se seguir\u00e1 llenando con papeles que, rara vez, significan que vayan a ser tratados como personas respetables o bienvenidas.<\/p>\n<p>Antes de que nos d\u00e9 tiempo a formular la previsible pregunta de qui\u00e9n est\u00e1 enfermo y por qu\u00e9 no le atienden, Sakina ya le ha dado al play en su m\u00f3vil. Su hijo <strong>Hamit, de 4 a\u00f1os<\/strong>, que juega a su lado con los inhibidores vac\u00edos, se nos aparece ahora tambi\u00e9n en dos dimensiones: tose y tose desde la pantalla, con los ojos casi tan desorbitados como los de la madre, que nos intenta hacer entender que, una de estas noches, su hijo se va a morir porque desde que empez\u00f3 la pandemia de covid-19, especialmente peligroso para las personas con enfermedades respiratorias, <strong>apenas si le dan respiradores:<\/strong> \u201cTengo que hacer colas durante horas para que me den medicamentos para tres d\u00edas, y ya no me dejan volver hasta la semana siguiente\u201d.<\/p>\n<p>Mientras verbaliza estas palabras, la madre escudri\u00f1a para la c\u00e1mara las cabezas con piojos de sus hijos para que seamos conscientes de que aqu\u00ed no hay manera de protegerlos. La misma escena se repetir\u00e1 en diferentes chabolas: <strong>padres y madres pidi\u00e9ndonos que grabemos las picaduras y heridas en las piernas huesudas de sus hijos e hijas,<\/strong> el hinchaz\u00f3n del est\u00f3mago, incluso el desproporcionado tama\u00f1o de uno de sus test\u00edculos. Ser padre o madre entra\u00f1a, fundamentalmente, una responsabilidad: velar por el bienestar de tus peque\u00f1os. El campo de Moria lo hac\u00eda imposible, lo que generaba frustraci\u00f3n, sentimiento de fracaso y mucho estr\u00e9s entre su poblaci\u00f3n adulta.<\/p>\n<p>As\u00ed que, cuando unas horas m\u00e1s tarde, de madrugada, llego a una de las carreteras que comunica el campo con el resto de la isla, no puede ser tristeza lo que me encuentro entre esos bultos que duermen en los arcenes, porque lo que se ha quemado no eran sus hogares, <strong>eran sus celdas.\u00a0<\/strong><\/p>\n<h3>La primera noche al raso<\/h3>\n<p>Mohammed balancea su cuerpo para acunar al cuerpecito que duerme sobre sus piernas. A su lado, un reguero de mantas y sacos de dormir serpentean su estirpe, hasta llegar a su mujer: cinco cr\u00edos duermen entre ellos. Son afganos, de la <strong>etnia azzara<\/strong>, la m\u00e1s discriminada en su pa\u00eds. Mohammed mantiene fija su mirada en las luces de los coches del punto de control policial. No se puede acceder al campo, y la familia de Mohammed es una de las afortunadas que ha podido salir huyendo antes de que se estableciese el per\u00edmetro de seguridad.<\/p>\n<p>De vez en cuando, sobre los quitamiedos, surgen las siluetas negras de alguna familia que ha encontrado una salida a trav\u00e9s de las plantaciones de olivos. Es noche cerrada, las mascarillas para el coronavirus filtran tambi\u00e9n ahora un humo denso y negruzco que en unos minutos nublar\u00e1 nuestra vista y en pocas horas habr\u00e1 tiznado nuestras ropas. Todo Moria arde: los pl\u00e1sticos y pal\u00e9s de las tiendas, las ropitas de ni\u00f1os y adultos que colgaban en su interior, la pastilla de jab\u00f3n, y todo lo poco que hubiesen conseguido reunir en estos meses o, incluso, m\u00e1s del a\u00f1o que pueden pasar atrapados en esta isla.<\/p>\n<p>Ni Mohammed ni su mujer, Zeeba, muestran tristeza, solo un <strong>agotamiento ante la perpetua incertidumbre<\/strong>. Su prisi\u00f3n arde, pero \u00bfd\u00f3nde ir ahora? \u00bfD\u00f3nde guarecerte, d\u00f3nde dormir cuando no tienes nada, ni te dejan ir m\u00e1s all\u00e1 de las carreteras que circundan el centro de detenci\u00f3n? A unos metros, una pareja joven de Siria se incorpora cada poco para comprobar que su ni\u00f1a de tres a\u00f1os duerme bien; tres j\u00f3venes de Gambia cubren su rostro cada vez que un coche de bomberos les deslumbra, mientras el sol empieza a despuntar.<\/p>\n<p>Pese a la negativa por parte de la polic\u00eda para acceder al campo a trav\u00e9s de las v\u00edas principales, no ponen mucho celo en evitar que se pueda entrar por caminos secundarios. Los olivares que rodean el campo de Moria ofrecen sombra a familias que esperan que alguien les diga qu\u00e9 va a ser de ellos, d\u00f3nde ir para <strong>encontrar algo de comida y agua para sus hijos<\/strong>, d\u00f3nde pasar la siguiente noche. Somaya distrae a su hijo de cuatro a\u00f1os mientras \u2018baba\u2019 (pap\u00e1 en \u00e1rabe y en farsi) ha emprendido la b\u00fasqueda de agua y comida. Esta joven de 25 a\u00f1os est\u00e1 embarazada y a\u00fan tiene capacidad para sonre\u00edr y bromear sobre esta nueva adversidad.<\/p>\n<p>Porque el incendio de Moria es solo una m\u00e1s de las que se ha encontrado a lo largo de su vida y porque mientras el detonante de estas llamas a\u00fan no est\u00e1 claro, s\u00ed lo est\u00e1 su origen: Moria se cre\u00f3 en 2015 como un espacio de tr\u00e1nsito para los solicitantes de asilo que llegaban desde la costa turca, con una capacidad para unas 3.000 personas y que en estos momentos albergaba a m\u00e1s de 13.000 \u2013y antes de la pandemia, m\u00e1s de 26.000\u2013.<\/p>\n<h3>Una noche tras otra<\/h3>\n<p>Pero pronto Moria termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en un centro de detenci\u00f3n, en el que los aspirantes a refugiados y refugiadas ven c\u00f3mo se les va la vida haciendo colas: colas de horas, hasta tres veces a<strong>l d\u00eda, para conseguir comida; colas para pedir cita en la Oficina Europea<\/strong> de Apoyo al Asilo; colas para sacar dinero en el \u00fanico cajero de ATM \u2013en el caso de que tengas alguien que te lo pueda enviar\u2013; colas para rogar por una cita m\u00e9dica, colas para ir al ba\u00f1o, para lavar la ropa, para hacer alguna pregunta a un trabajador de una ONG ante la flagrante y sistem\u00e1tica falta de informaci\u00f3n\u2026. Hasta el incendio, Moria era un reguero de gente haciendo colas, siempre sin saber si cuando llegase su turno iban a obtener lo que hab\u00edan venido buscando o se habr\u00eda acabado el pan, las medicinas o las ganas de su interlocutor de darle una respuesta.<\/p>\n<p>\u201cCuando tienes que pensar todo el tiempo en c\u00f3mo conseguir comida, medicinas, en c\u00f3mo proteger a tus hijos,<strong> terminas mal mentalmente.<\/strong> Mi hermano ha dejado de hablar, se ha convertido en un ser pasivo, no hace nada\u2026 \u00c9l no era as\u00ed, es Moria\u201d, nos explicaba Somaya horas antes de que se iniciara el incendio mientras, l\u00f3gicamente, ignoraba las preguntas sobre las consecuencias de la pandemia.<\/p>\n<p>Los habitantes de este centro sab\u00edan que las instituciones locales, nacionales y europeas, las ONG locales, nacionales y supranacionales, y la opini\u00f3n p\u00fablica internacional eran plenamente conscientes de que aqu\u00ed era imposible mantener las distancias de seguridad cuando para hacer cualquier gesti\u00f3n est\u00e1s obligado a hacer colas y amontonarte con otras cientos de personas; <strong>ni evitar tocarse cuando duermen hasta diez miembros de una familia en una misma barraca de tres o cuatro metros<\/strong>; ni lavarse a menudo las manos porque en el \u00fanico sitio p\u00fablico en el que lo pod\u00edan hacer es con sistema artesanal que un refugiado ha puesto en marcha con garrafas y palos reciclados\u2026 con el apoyo de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. En el seno de la Uni\u00f3n Europea.<\/p>\n<p>As\u00ed que la aparente preocupaci\u00f3n institucional que se desat\u00f3 por la pandemia en Moria cuando se identific\u00f3 el primer caso de contagio, aqu\u00ed solo pod\u00eda aumentar el escepticismo: en los d\u00edas previos al incendio, en vista a las condiciones en las que ten\u00edan que vivir estas 13.000 personas -m\u00e1s de 4.000 son ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes\u2013, daba pudor preguntar por la COVID. Las familias entrevistadas quer\u00edan que atendi\u00e9semos a las grietas supurantes de los pies de sus hijos, a la imposibilidad de llevarles a un colegio -salvo los que aprenden a leer con el Cor\u00e1n en las chabolas que hacen las veces de mezquitas\u2013 y, sobre todo, a esos papeles que se van amarilleando y agrietando y que no terminan de recibir el sello rojo que les reconocer\u00eda como refugiados y, por tanto, la posibilidad de salir de Lesbos.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, por tanto, que lo que encontr\u00e9 cuando las llamas a\u00fan arrasaban parte de Moria el mi\u00e9rcoles por la ma\u00f1ana, no fuese tristeza, sino la misma desesperaci\u00f3n de los d\u00edas anteriores, y la misma rabia contenida.<\/p>\n<h3>No es ning\u00fan \u2018desastre natural\u2019<\/h3>\n<p>Para <strong>Caroline Wellimer<\/strong>, coordinadora del proyecto de M\u00e9dicos Sin Fronteras para la pandemia de COVID-19 en Lesbos, \u201clo m\u00e1s frustrante de Moria es que la gente vive en estas circunstancias por una decisi\u00f3n pol\u00edtica de los l\u00edderes de la Uni\u00f3n Europea, no por un desastre natural. Tenemos ni\u00f1os con diarreas, infecciones, enfermedades cut\u00e1neas y de otra \u00edndole por c\u00f3mo tienen que vivir y esto no lo podemos curar, solo aliviar sus consecuencias\u201d.<\/p>\n<p>Y esto lo saben sus habitantes, que ahora yacen desperdigados por las carreteras que rodeaban el campamento, as\u00ed como los que buscan entre los restos humeantes de sus chabolas algo que rescatar. O los que como Abdul, tambi\u00e9n me pide que le entreviste. No es lo habitual en un sitio en el que muchos de sus habitantes sienten que <strong>se han convertido en monos de feria de un circo de la ayuda humanitaria y el periodismo. <\/strong><\/p>\n<p>Sus \u2018casas\u2019 eran chamizos de apenas dos o tres metros cuadrados, por lo que buena parte del d\u00eda lo ten\u00edan que pasar al aire libre, sin privacidad, mientras hombres y mujeres blancos les saludan con la mejor de sus sonrisas e intenciones, probablemente, pero sin capacidad real para cambiar sus circunstancias.<\/p>\n<p>Cuando la intervenci\u00f3n humanitaria y el periodismo pierden su capacidad de transformaci\u00f3n e incidencia, y la funci\u00f3n de unos se limita en gran medida a la de ser testigos, no podemos esperar que personas que llevan a\u00f1os intentando ponerse a salvo ellas y sus familiares, tengan inter\u00e9s por contarnos una vez m\u00e1s por qu\u00e9 salieron de Afganist\u00e1n \u2013como si no supi\u00e9ramos lo que ocurre en Afganist\u00e1n\u2013, <strong>o c\u00f3mo es la vida diaria entre aguas fecales y unas cuantas naranjas para desayunar una familia de seis miembros, como nos mostr\u00f3 Masume Naimi. <\/strong>\u201cEste es un sitio terrible para los ni\u00f1os y los adultos: no tiene nada de lo que se supone que tendr\u00eda que haber\u201d.<\/p>\n<p>Por eso, cuando la noche del mi\u00e9rcoles las llamas volvieron al campo de Moria y la polic\u00eda dispar\u00f3 gases lacrim\u00f3genos contra las multitudes que no sab\u00edan qu\u00e9 hacer, no pareci\u00f3 sorprender a las personas a las que pregunto por esta cuesti\u00f3n. Es lo que llevan viviendo a\u00f1os, algunos en sus pa\u00edses, y ahora en Europa. Un obcecado intento por quebrarles, porque eso es Moria, <strong>un lugar donde ni\u00f1os de hasta 10 a\u00f1os se han intentado suicidar en estos cinco a\u00f1os de existencia.<\/strong><\/p>\n<p>Por eso no deber\u00eda extra\u00f1arnos tampoco otra paradoja: que este incendio del infierno sea, quiz\u00e1s, la \u00fanica posibilidad para estas personas de salir de esta isla y seguir sus vidas. Porque nadie quiere aqu\u00ed que vuelvan las tiendas de campa\u00f1a a Moria: ni los refugiados, ni las instituciones locales, ni la poblaci\u00f3n de Lesbos, que mayoritariamente rechaza su existencia ya sea porque les violenta tener que convivir con este nivel de miseria e injusticia diariamente, porque creen en la dignidad de estas personas o porque no creen en la dignidad al ser fascistas y, por tanto, los quieren fuera de sus pa\u00edses. Tuvo que arder Moria para que sus habitantes tuvieran alguna posibilidad de sobrevivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>Cuando buscar agua te convierte en clandestino<\/strong><\/p>\n<p>Fran\u00e7oise Umzu recorre varios kil\u00f3metros a trav\u00e9s de los montes para poder comprar agua en Mitilene.<\/p>\n<div>\n<p>El muchacho carga con una mochila y una botella de agua. No llevaba mucho m\u00e1s cuando atravesaba el desierto del Sahel en su camino a Europa desde Camer\u00fan. El sol cae a plomo y a\u00fan son las diez y media de la ma\u00f1ana. Cruza la carretera sin apenas tr\u00e1fico, salta el quitamiedos y se adentra en olivares que rodean a lo que queda del campo de Moria, en la isla griega de Lesbos.<\/p>\n<p>\u201cEs la \u00fanica forma que tenemos de ir a comprar agua y comida. La polic\u00eda no nos deja salir de la carretera a Moria\u201d, explica, mientras sortea los charcos andando sobre tablones.<\/p>\n<p>Las dos carreteras que comunican Mitilene, la capital de Lesbos, con lo que queda del mayor campo de refugiados de la Uni\u00f3n Europea, llevan cortadas por la polic\u00eda desde la noche del martes, cuando comenzaron los incendios. Seg\u00fan empeoran las condiciones de las m\u00e1s de 13.000 personas que, como se presenta Abdou, ahora son tambi\u00e9n <em>sin techo<\/em>, las instituciones aumentan el per\u00edmetro al que, oficialmente, tampoco tiene acceso la prensa. En un primer control policial, varios agentes cierran el paso. En un segundo, una veintena de soldados y una decena de polic\u00edas vigilan apostados tras dos autobuses atravesados en la v\u00eda. Esto lo ver\u00e9 m\u00e1s tarde, desde el otro lado, al que no habr\u00eda podido llegar si no hubiese sido por Fran\u00e7oise Unz\u00fa.<\/p>\n<figure><figcaption><em>Estas prendas es todo lo que Fran\u00e7ois Umzu pudo salvar de las llamas. Las ha dejado aqu\u00ed escondidas esperando que nadie se las robe. P.S.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Este muchacho de 25 a\u00f1os que, seg\u00fan cuenta, fue obligado a hacer la guerra en el oeste de su pa\u00eds, tiene un pendiente en su oreja derecha y una necesidad imperiosa de verbalizar las injusticias que ha vivido durante los 13 meses que lleva atrapado en la isla de Lesbos.<\/p>\n<p>\u201cHice mi entrevista para pedir asilo hace m\u00e1s de un a\u00f1o y a\u00fan no me han contestado. Y la siguiente cita la tengo para junio de 2021. La Uni\u00f3n Europea tiene que sacarnos de aqu\u00ed, hay gente que lleva hasta tres a\u00f1os\u201d, relata cuando un trabajador de una f\u00e1brica junto a la que pasamos nos mira insidiosamente mientras llama por tel\u00e9fono. Avanzamos m\u00e1s r\u00e1pido, cuando tres hombres aparecen zigzagueando monte abajo. Inicialmente, desconf\u00edan. Saben que hay grupos de griegos xen\u00f3fobos y de extrema derecha impidiendo que vecinos y activistas puedan auxiliar a las personas refugiadas. Cuando los afganos ven que Fran\u00e7oise es negro, dejan de temer y nos explican lo que ya sabemos: \u201cLlevamos dos d\u00edas durmiendo en la calle, sin comida ni agua. Y la \u00fanica forma de conseguirlos es por aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Para algunos refugiados, sobrevivir estos d\u00edas ha vuelto a ser una cuesti\u00f3n de clandestinidad: saber c\u00f3mo moverse por el monte, c\u00f3mo racionar el agua y los alimentos, llamar poco la atenci\u00f3n para no terminar teniendo problemas con la polic\u00eda o con otros refugiados\u2026 Desde un alto, contemplamos un reguerito de puntos movi\u00e9ndose por los montes. De nuevo la huida.<\/p>\n<p>Un hombre nos recrimina desde su moto que estemos en una propiedad privada. Un poco m\u00e1s adelante, nos encontramos con un joven de Gambia acuclillado en un recodo del camino, rellenando en un riachuelo botellas de agua que ha recogido de la basura. A su lado, pasa un congol\u00e9s cargando con un bid\u00f3n en su cabeza. Es la \u00fanica forma que tienen de poder ducharse, en Grecia, en la Uni\u00f3n Europea.<\/p>\n<figure><figcaption>Reparto de raciones de comida para personas con enfermedades cr\u00f3nicas de la ONG vasca Zaporeak antes del incendio de Moria. En la actualidad han pasado de cocinar 2000 raciones a 3600. P.S.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Si no hubiese sido por el papel de ONG como la vasca Zaporeak, que ha casi duplicado el n\u00famero de raciones de comida repartidas al d\u00eda, m\u00e1s de 3.000, la crisis humanitaria a la que asistimos ser\u00eda sustancialmente peor.<\/p>\n<p>Tras una hora subiendo y bajando laderas, llegamos a la carretera en la que llevan dos d\u00edas tiradas miles de personas. Exactamente a 200 metros de donde est\u00e1 el control policial por el que no hemos podido acceder directamente. Aqu\u00ed, lo m\u00e1s preciado es una sombra, por lo que los bajos de camiones, los t\u00faneles y los \u00e1rboles se han convertido en sus nuevas tiendas de campa\u00f1a. Y los aparcamientos de los dos supermercados en los que estas miles de familias se tuvieron que dejar buena parte de sus ahorros durante estos meses, o incluso a\u00f1os, de espera en Moria, en su nuevo campo de refugiados.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 han cerrado los supermercados? \u00bfPor qu\u00e9?\u201d. Hay mucha rabia entre los desplazados por el incendio. Una rabia que ya resultaba evidente en el campo de Moria y que este abandono institucional hace incontenible. Antes, para comer, ten\u00edan que hacer interminables colas para recoger unas bandejas de catering que, como hemos constatado, resultaban bastante incomestibles. Por ello, muchos se gastaban en estos dos supermercados los ahorros que le quedaban, lo que les pudieran enviar familiares o los 90 euros que les ingresa mensualmente el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas en una tarjeta de Master Card \u2013por supuesto, con sus respectivos logos. Si algo no faltaba en Moria eran los logos estampados en cada lona, mochila, camiseta\u2026.\u00a0 reducidos ahora a cenizas\u2013. Una de las quejas de la poblaci\u00f3n local de Lesbos es que la gran beneficiaria econ\u00f3micamente de la llegada de los refugiados ha sido la cadena alemana Lidl, mientras que buena parte de sus comercios locales han quebrado por la crisis econ\u00f3mica que sigue asolando Grecia.<\/p>\n<p>As\u00ed que cuando el jueves por la tarde, estos dos centros comerciales cerraron sus puertas, la sensaci\u00f3n que se extendi\u00f3 fue, una vez m\u00e1s, la de <strong>vejaci\u00f3n y aislamiento total<\/strong>. Que nos sobrevolase a baja altura un helic\u00f3ptero militar de doble h\u00e9lice, a personas que han huido en muchos casos de la guerra, no ayud\u00f3 precisamente.<\/p>\n<p>Houda sostiene un extremo de la manta a una de las estacas clavadas en la lengua de c\u00e9sped que flanquea la carretera. Su marido la tensa, construyendo as\u00ed una peque\u00f1a carpa en la que proteger del sol a sus cuatro hijos: el m\u00e1s peque\u00f1o, de tan solo 18 d\u00edas. La madre, de 33 a\u00f1os, me se\u00f1ala el vientre: a\u00fan se est\u00e1 recuperando de la ces\u00e1rea. El reci\u00e9n nacido, envuelto en una manta naranja atada con un cord\u00f3n, pasa de los brazos de un hermano a otro. Siguen siendo una familia preciosa de Siria, aunque los peque\u00f1os lleven dos d\u00edas comiendo solo tomates crudos a bocados. Como ahora. Sorprende la pericia desarrollada por una ni\u00f1a de 5 a\u00f1os para que no le caigan chorros de jugo por las manos.<\/p>\n<p>Entonces, unas furgonetas de un catering local abre sus puertas y comienza el reparto de las reconocidas fiambreras, con el respectivo logo de la Uni\u00f3n Europea. Y paquetes de botellas de agua. Son los propios refugiados los que organizan el reparto. La congole\u00f1a Patricia avanza con un carrito del supermercado que ha llenado de agua, tomates y huevos. \u201cVamos a un sitio un poco apartado\u201d, nos advierte. Decenas de personas se agolpan en un t\u00fanel que desemboca en la playa, desde la que contemplamos la costa turca de la que partieron todos ellos en patera: apenas 16 kil\u00f3metros de separaci\u00f3n y toneladas de dolor. Por eso, muchos de ellos no quieren hablar, porque ya se han visto forzados a contar una y otra vez sus vidas, intimidades y haza\u00f1as para llegar hasta aqu\u00ed en las sendas entrevistas con instituciones y ONG. Y <strong>la vida sigue yendo siempre a peor<\/strong>.<\/p>\n<p>\u201c<strong>\u00bfPara qu\u00e9 te voy a contar mi sufrimiento?<\/strong> \u00bfPara el deleite del mundo sin que nadie haga nada? No hay palabras para describir mi dolor de todos estos a\u00f1os. Aqu\u00ed nos tratan peor que animales. Todo el mundo lo sabe, \u00bfpara qu\u00e9 repet\u00edrselo a gente que esta noche tendr\u00e1 d\u00f3nde dormir y qu\u00e9 comer?\u201d, me espeta Sandrine, una camerunesa de 25 a\u00f1os con furia salt\u00e1ndole de los ojos. No quiere ser grabada en v\u00eddeo, pero s\u00ed que se sepa el porqu\u00e9.<\/p>\n<p>Fran\u00e7ois me acompa\u00f1a mientras sigue contando su historia. \u201cDe aqu\u00ed solo sale quien tiene abogado. Yo no lo he tenido en ning\u00fan momento y hace un a\u00f1o que hice la entrevista de asilo\u201d. Y me muestra sus papeles: <strong>nadie se mueve con tantos documentos como a los que los quieren clandestinos les llaman \u2018sin papeles\u2019.<\/strong> Su solicitud de asilo est\u00e1 en griego, as\u00ed que no sabe si lo que \u00e9l firm\u00f3, sin posibilidad de tener una copia en franc\u00e9s o que alguien se lo tradujese, son realmente las razones que \u00e9l alega. Fundamentalmente, que no quiere verse forzado a matar en una guerra para la que fue reclutado forzosamente durante tres a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cuando llegamos al aparcamiento del supermercado Lidl, otros refugiados hab\u00edan cogido parte de la plaza de aparcamiento, delimitada con pintura en el suelo, que Francois compart\u00eda con otros dos cameruneses. Era cuesti\u00f3n de 40 cent\u00edmetros, los que marcan la diferencia entre tener o no un techo, as\u00ed sea una tela pl\u00e1stica semitransparente. La discusi\u00f3n acab\u00f3 en concordia, con la retirada a su posici\u00f3n inicial del padre de familia de Afganist\u00e1n.<\/p>\n<p>Un matrimonio con aspecto anciano pero que no superan los 50 a\u00f1os, recogen junto a sus hijos toda la basura acumulada en las papeleras: \u201cDormimos aqu\u00ed, todos estos restos de comida son un peligro para la COVID-19\u201d, explica el padre. Las risas de los ni\u00f1os y ni\u00f1as jugando en esta especie de patio escolar resultan tan discordantes con el ambiente como la certeza de que, pese a todo, esas son las \u00faltimas que se apagan. Cuando dejan de escucharse es que ya solo queda tierra yerma atr\u00e1s. Como la que dejaron a sus espaldas muchas de estas familias en Siria, Yemen, Afganist\u00e1n\u2026 En el camino de vuelta, seg\u00fan se pone el sol, los padres y madres se me acercan para volver a ense\u00f1arme heridas, picaduras, hinchazones en los cuerpecitos de sus hijos. Buscan m\u00e9dicos, m\u00e9dicas. Les dirigimos al aparcamiento del Lidl, nuevo centro neur\u00e1lgico de sus vidas. Pero, sobre todo, necesitan informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfUsted sabe d\u00f3nde se las llevan?\u201d, me pregunta un hombre se\u00f1alando a las mujeres que son subidas a un autob\u00fas. Es el nuevo grupo de poblaci\u00f3n en ser evacuados: tras los menores no acompa\u00f1ados, y las madres monomarentales, ha llegado el turno de las mujeres que viajan solas. No saben d\u00f3nde van: si a un centro en la isla, a Atenas o a otro pa\u00eds europeo.\u00a0<em>La Marea<\/em> tampoco ha podido confirmar este extremo.<\/p>\n<p>El ecosistema medi\u00e1tico que suele construirse en torno a este tipo de crisis empieza a florecer, con un retraso de 24 horas por las limitaciones impuestas por la pandemia de coronavirus. Para viajar a Grecia hace falta una prueba de PCR negativa, lo que est\u00e1 retrasando la llegada de medios internacionales. Aun as\u00ed, est\u00e1n las agencias, que ahora graban c\u00f3mo una delegaci\u00f3n de miembros del Europarlamento y del Parlamento heleno de Syriza avanza por la carretera. Ni\u00f1os y ni\u00f1as se acercan a los pol\u00edticos, que les saludan y escuchan aunque no puedan entenderse por la diferencia de idiomas; un periodista local insta a los representantes a que hagan todo lo posible para que las instituciones locales y nacionales, gobernadas por la derecha, saquen a esas personas de ah\u00ed y les den condiciones dignas, mientras un grupo de cameruneses se me acercan para preguntarme qui\u00e9nes son.<\/p>\n<p><strong>No saber todo el tiempo<\/strong>, que las instituciones de un Estado de derecho den por sentado que no han de informarte sobre las cuestiones que te afectan de la manera m\u00e1s trascendental, que por no tener no tengas siquiera a quien preguntar, es una de las violencias m\u00e1s cotidianas, constantes y desestabilizadoras que sufren desde 2015 las personas desterradas en Moria.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>Moria, un laboratorio del odio<\/strong><\/p>\n<p>En septiembre de 2018, un informe de M\u00e9dicos Sin Fronteras se convert\u00eda en noticia mundial: cada vez m\u00e1s ni\u00f1os y ni\u00f1as del campo de Moria quer\u00edan suicidarse. Y aqu\u00ed, por decencia, debe ir un punto y aparte que invite, al menos, a un segundo de silencio para asimilar la dimensi\u00f3n de esta frase.<\/p>\n<p>La ONG denunciaba que \u201cen nuestro grupo de actividades de salud mental para ni\u00f1os (de entre 6 y 18 a\u00f1os) el equipo de MSF ha observado que <strong>casi uno de cada cuatro se autolesionan, han intentado suicidarse o han tenido pensamientos suicidas<\/strong>. Otros menores sufren ataques de p\u00e1nico, ansiedad y de ira, pesadillas constantemente y mutismo por elecci\u00f3n\u201d. Es decir, hay menores y adultos que dejan de hablar porque su mente se agota de intentar traducir y poner palabras a la sinraz\u00f3n de jugarse la vida para encontrar refugio y terminar presos en <strong>celdas de pl\u00e1stico con el logo de las Naciones Unidas.<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s del 80% de las personas solicitantes de asilo que viv\u00edan en Moria ,y que ahora sobreviven al raso, proceden de Afganist\u00e1n y, el resto, de pa\u00edses igualmente arrasados por la violencia como Siria, Irak, Congo, Camer\u00fan, Mali\u2026 Es decir, hu\u00edan de experiencias profundamente traumatizantes y cuando llegaron a la isla griega de Lesbos se encontraron expuestas a unas condiciones de vida deplorables, al temor constante a ser deportadas o encarceladas en la prisi\u00f3n que hab\u00eda dentro del campo de refugiados, a enfermar y, sobre todo, a que todo esto le ocurra a sus seres m\u00e1s queridos. Si los ni\u00f1os y ni\u00f1as se quer\u00edan suicidar, \u00bfqu\u00e9 no querr\u00edan hacer sus padres y madres?<\/p>\n<p>Seg\u00fan Mario L\u00f3pez, psic\u00f3logo y responsable de Salud Mental de M\u00e9dicos Sin Fronteras en el proyecto de Moria desde hace cuatro meses, la situaci\u00f3n se hab\u00eda degradado exponencialmente durante el \u00faltimo mes. \u00abA partir de julio, las personas referidas a salud mental se multiplicaron por tres o cuatro. No paraban de llegar padres que se sent\u00edan incapaces de gestionar y calmar a sus hijos\u00bb. L\u00f3pez explica que el hecho de que hubiese muchas familias que llevaban m\u00e1s de un a\u00f1o en el centro hab\u00eda degradado mucho la situaci\u00f3n y que pasaron a hacer dos intervenciones de emergencia al d\u00eda, cuando era la media semanal. Ataques de p\u00e1nico, trastornos de conversi\u00f3n, autolesiones y \u00abdurante la \u00faltima semana de agosto, tuvimos el <strong>mismo n\u00famero de casos de violencia sexual que sol\u00edamos tener en un mes entero<\/strong>\u00ab.<\/p>\n<p>Este era el polvor\u00edn en el que se hab\u00eda convertido Moria antes del incendio: \u00abla ira de los adolescentes estaba muy dirigida a los padres y madres porque no entienden qu\u00e9 hacen aqu\u00ed cuando les hab\u00edan prometido un sitio mucho mejor. Y lo que me temo es que ahora hay mucha gente que piensa que va a ser trasladada a un sitio mejor y me temo que se van a quedar aqu\u00ed. Y en la situaci\u00f3n en la que se encuentran, sin un reparto regular siquiera agua ni alimentos, no s\u00e9 c\u00f3mo va a ser la reacci\u00f3n si finalmente no pueden salir de isla\u00bb.<\/p>\n<p><strong>El campo de Moria: cuando el refugio te tortura<\/strong><\/p>\n<p>El campo de Moria era un espacio de tortura, seg\u00fan Irene Redondo, investigadora especializada en salud mental y derechos humanos.\u00a0 \u201cLos gobiernos han permitido que estas personas permanecieran meses, e incluso a\u00f1os, encerradas en unas condiciones abiertamente maltratantes. La privaci\u00f3n indirecta del sue\u00f1o, la falta de una alimentaci\u00f3n m\u00ednima y adecuada, el aislamiento comunicativo, la exposici\u00f3n a temperaturas extremas sin la posibilidad de protegerse ante ellas\u2026 sumado a las constantes humillaciones, amenazas y ejercicios de violencia por parte de los funcionarios p\u00fablicos, generan en su conjunto un efecto combinado constituyente de tortura\u201d, sostiene quien, tras los incendios que arrasaron el campo, colabora con labores de apoyo a las personas solicitantes de asilo que pasan su cuarto d\u00eda al raso.<\/p>\n<p>Redondo considera que \u201cla poblaci\u00f3n que ha pasado por Moria ha sido v\u00edctima de <strong>fuertes impactos en su propia identidad<\/strong>, viendo quebradas las capacidades humanas de confiar en los dem\u00e1s y cambiando de forma radical su visi\u00f3n del mundo. La <strong>percepci\u00f3n de que hay personas que no solo permiten que esto ocurra, sino que son directas perpetradoras de la violencia, <\/strong>supone uno de los mayores impactos. La tortura, sobre todo actualmente, no siempre va acompa\u00f1ada de marcas f\u00edsicas, pero s\u00ed que supone el m\u00e1s contundente quiebre de uno mismo al verse sometido a una absoluta p\u00e9rdida del control sobre su propia vida, incluyendo los detalles m\u00e1s cotidianos\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed lo verbalizan, de muy distintas maneras, la mayor\u00eda de las personas entrevistadas por <em>La Marea <\/em>durante la \u00faltima semana. Una tortura que, en algunos casos, termina generando hartazgo, ira y, en \u00faltima instancia, podr\u00eda desembocar en el odio.<\/p>\n<p><strong>Chambelle, 21 a\u00f1os, Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo<\/strong><\/p>\n<p>Chambelle se protege del sol bajo la carpa que los solicitantes de asilo han construido en las aceras de la carretera a Mitilene, en la que permanecen desde hace cuatro d\u00edas apenas sin comida ni gua. A su lado, apostado tambi\u00e9n en el quitamiedos, le acompa\u00f1a su hermano. Sus cuerpos corpulentos y musculados parecen desmadejados. \u201cVinimos del Congo por razones personales que no quiero compartir\u201d, comienza diciendo Chambelle, <strong>cansado de tener que presentar su hoja de servicios de desgracias <\/strong>para justificar su derecho a estar en suelo europeo. Este es tambi\u00e9n uno de los aspectos torturantes en el que hemos convertido el sistema europeo de asilo y de protecci\u00f3n internacional. Lleg\u00f3 hace cuatro meses y siente que las violencias relatadas nunca son suficientes para quienes tienen capacidad de decisi\u00f3n sobre sus vidas.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas veces ha de contar una mujer que ha sido violada en su \u00e9xodo? \u00bfSe ha convertido la tortura en un requisito indispensable para que la solicitud de asilo tenga un m\u00ednimo de posibilidades de prosperar? \u00bfEs imprescindible haber sido la persona m\u00e1s desgraciada del planeta para que se te abran las puertas de la Europa-Ed\u00e9n?\u00a0Esa es la sensaci\u00f3n que tienen muchos de los solicitantes de asilo: que sus vidas no bastan, que siempre habr\u00e1 alguien con un <strong>curr\u00edculum m\u00e1s dram\u00e1tico disput\u00e1ndole la posibilidad de reiniciar sus vidas en un lugar seguro<\/strong>. Competir por el peor pasado para tener la posibilidad de un futuro. En eso ha mutado la ginkana para el \u2018Welcome, refugee\u2019.<\/p>\n<p>Chambelle muestra su devastaci\u00f3n psico-emocional sin aspavientos. \u201c<strong>Siento que estamos perdiendo la cabeza<\/strong>. Llevamos cuatro meses aqu\u00ed y ni por un segundo nos hemos sentido tratados como seres humanos. El racismo y el desprecio est\u00e1 en todas partes. Necesitamos salir de tierra griega, esto es el infierno\u201d.<\/p>\n<p>Chambelle cree que el centro de Moria y el abandono que sufren sus habitantes tras los incendios son una escuela para el odio. \u201cMoria te obliga a cambiar de mentalidad, es <strong>f\u00e1cil que te conviertas en un \u2018bandido\u2019<\/strong>. Hacemos todo lo que est\u00e1 en nuestras manos por sobrevivir y, en lugar de ayuda, aqu\u00ed solo recibimos menosprecio y maltrato. Eso te hace sufrir tanto\u2026\u201d, explica el joven para quien la peor experiencia ha sido el incendio del campo. \u201cCuando pens\u00e1bamos que nada peor pod\u00eda ocurrir, verme rodeado de llamas junto a mi hermano, mientras la polic\u00eda nos gritaba como a ganado\u2026. Para que luego digan que hemos sido nosotros quienes lo hemos quemado. Han sido los fascistas, todo el mundo lo sabe\u201d.<\/p>\n<p>No se ha aclarado el origen del fuego, pero la falta de informaci\u00f3n en todos los \u00f3rdenes con los que se castiga a las personas solicitantes de asilo han desembocado en una rumorolog\u00eda continua, que los medios alimentamos reproduci\u00e9ndola. Esa falta de informaci\u00f3n es resultado de la normalizaci\u00f3n de un racismo estructural que permite que unas 13.000 personas lleven cuatro d\u00edas tiradas en las calles sin que nadie les haya comunicado oficialmente, y de manera presencial, qu\u00e9 van a hacer con ellas. Porque esa es otra de las formas que el sistema de asilo tiene de quebrar a sus supuestos protegidos: privarles de cualquier tipo de agencia sobre sus vidas. Nada de todo esto ser\u00eda posible si fuesen blancos y, sobre todo, si no fuesen pobres.<\/p>\n<p>Porque todo lo que tiene Chambelle es una peque\u00f1a mochila con ropa y papeles, y un pensamiento que nunca cesa: \u201cTodo el tiempo estoy con la idea de que tenemos que salir de aqu\u00ed, es lo \u00fanico en lo que puedo pensar, es agotador\u201d. Un estado mental que no difiere sustancialmente de aquellas personas presas que consideran injusto su encarcelamiento. Porque esa es exactamente la percepci\u00f3n que tienen Chambelle y muchas de las personas que han solicitado asilo en Moria: <strong>que est\u00e1n presas en esta isla<\/strong>. Por eso, desde que comenzaron en el mediod\u00eda del viernes las manifestaciones contra los planes del Gobierno heleno de reubicarles en un nuevo campo de refugiados, uno de los gritos m\u00e1s repetidos es \u201cLibertad\u201d.<\/p>\n<p>La sensaci\u00f3n de injusticia y de esa falta de control sobre sus vidas es la antesala de una profunda frustraci\u00f3n que, a menudo, los periodistas remarcamos cuando solo nos acercamos a ellas para que nos relaten sus experiencias traum\u00e1ticas, reduci\u00e9ndolas a su dimensi\u00f3n de <strong>seres sufrientes<\/strong>, mientras que para los an\u00e1lisis socio-pol\u00edticos acudimos a portavoces de ONG o analistas de nuestros pa\u00edses de origen.<\/p>\n<p>Cuando le pregunto a Chambelle si podr\u00e1 perdonar todo este sufrimiento, contesta: \u201cClaro, soy cristiano, mi religi\u00f3n se basa en el perd\u00f3n. Pero no podr\u00e9 olvidar c\u00f3mo me hicieron sentir. Quiero ir a Francia o a Portugal porque son dos lenguas que hablo, lo que me dar\u00e1 la oportunidad de comunicarme con la gente de all\u00ed. Al pueblo griego ni siquiera puedo decirles que ellos son en parte los responsables de que estemos aqu\u00ed tirados, pasando hambre. <strong>No nos quieren, pero no nos dejan irnos<\/strong>\u201d, concluye.<\/p>\n<p>Chambelle, como el resto de solicitantes de asilo, ha sufrido los insultos de habitantes de Lesbos cuando hac\u00eda kil\u00f3metros a pie para comprar en un supermercado. Ha sido receptor de todo ese odio que, sabe, llega a convocar manifestaciones xen\u00f3fobas y neofascistas con el \u00fanico fin de exigir que se esfumen, que desaparezcan, <strong>que se ahoguen antes de llegar a las costas griegas.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Sobre sus cuerpo se descarga todo ese odio, que ahora se ve agravado con la tortura que supone, literalmente, que te hagan pasar hambre. El \u201ctengo hambre\u201d que ayer por la tarde nos dec\u00edan muchas de las personas tiradas en la calle es solo una consecuencia m\u00e1s del sistema de apartheid que sufren estas personas. No es de extra\u00f1ar, por tanto, los gestos de malestar y fastidio con el que muchas de ellas respond\u00edan a la propuesta de una entrevista, especialmente las mujeres, m\u00e1s preocupadas por buscar algo que darles de comer a sus hijos e hijas.\u00a0Muchas de ellas se adentraban en los campos circundantes para buscar racimos de uva o algo que poder llevarse a la boca.<\/p>\n<p><strong>Kamara, 26 a\u00f1os, Mali<\/strong><\/p>\n<p>Kamara es el im\u00e1n de la mezquita sun\u00ed de los africanos del campo de Moria \u2013en realidad, una chabola construida con pal\u00e9s, un poco m\u00e1s grande que el resto\u2013. Dice que le eligieron para dirigir los rezos por sus conocimientos del islam, que aprendi\u00f3 con su padre, el im\u00e1n en su pueblo. Seg\u00fan cuenta Kamara, huy\u00f3 de su pa\u00eds tras haber sido obligado por el <strong>grupo yihadista Katiba Macina a combatir entre sus filas.<\/strong> Tras participar en tres combates y negarse a matar, consigui\u00f3 escapar. \u201cEl Islam no se puede imponer por la fuerza, quiero llegar a Francia o a otro pa\u00eds para explicar que nuestra religi\u00f3n no es como algunos creen, que tiene mensajes positivos y que respeta al resto de las creencias\u201d. Se le nota molesto, agotado, devastado. Lo demuestra el tono de su voz cuando comienza a hablar sobre lo que m\u00e1s le ha quebrado de su estancia en Moria.<\/p>\n<p>\u201cNunca voy a olvidar lo que ha supuesto estar en su prisi\u00f3n\u201d. No se refiere al campo en s\u00ed, sino al centro de detenci\u00f3n donde eran encerrados los hombres a los que se les denegaba su solicitud de asilo como antesala a la deportaci\u00f3n. \u201c\u00c9ramos 70 hombres encerrados en una tienda. <strong>Nos daban un huevo, un bollo de pan y un tomate para desayunar<\/strong>. A menudo no hab\u00eda para todos y los ten\u00edamos que repartir. Un polic\u00eda me dijo que los musulmanes no \u00e9ramos bienvenidos, que ellos son cat\u00f3licos\u201d, explica, sin mirar en ning\u00fan momento a esta periodista. Solo se comunica visualmente con el hombre que traduce sus respuestas.<\/p>\n<p>Tras ser puesto en libertad ante la suspensi\u00f3n de las devoluciones a Turqu\u00eda, Kamala nunca ha vuelto a una cola de reparto de la comida. Es una cuesti\u00f3n de orgullo. Hasta el incendio, se alimentaba de lo que pod\u00eda comprar \u00e9l con el resto de su comunidad. \u201c<strong>He pedido la deportaci\u00f3n voluntaria a mi pa\u00eds,<\/strong> pero ahora est\u00e1n suspendidas. Prefiero morir en una prisi\u00f3n en mi pa\u00eds que en una aqu\u00ed\u201d, concluye.<\/p>\n<p>El desprecio por los refugiados era tal en Moria que <strong>ni escuelas oficiales hab\u00eda. <\/strong>Solo dos centros, puestos en marcha por los propios refugiados con el apoyo de diversas ONG. Y en una de las mezquitas sun\u00edes puestas en marcha por la comunidad afgana, varios hombres se encargaban de ense\u00f1ar a leer y escribir con el Cor\u00e1n. \u00abAqu\u00ed no hay nada para nuestros ni\u00f1os, as\u00ed que por lo menos les alfabetizamos\u00bb, me explicaba Ibrahim, un refugiado afgano que nunca se habr\u00eda imaginado que terminar\u00eda siendo maestro. En otra chabola, dos ni\u00f1as de 9 y 10 a\u00f1os juegan a ser las profesoras de una quincena de criaturas. Todo era tan exageradamente desestructurante en Moria que llegaba un momento en el que dejaba de sorprender. Porque <strong>era muy f\u00e1cil olvidarte que segu\u00edas en la UE<\/strong>, en la potencia normativa de los derechos humanos.<\/p>\n<p>Las personas refugiadas son\u00a0 plenamente conscientes del valor que se le da a la educaci\u00f3n en Europa y que, por tanto, si no se les garantizaba ese derecho a sus hijos es porque se les considera una casta inferior. Ahora, en la carretera donde permanecen desde el incendio, Soraya, una joven afgana de 18 a\u00f1os, ofrece clases a los peque\u00f1os que lo deseen.<\/p>\n<p><strong>Adanna (pseud\u00f3nimo), 18 a\u00f1os, Somalia\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Adanna sali\u00f3 de Somalia, con una amiga, a los 11 a\u00f1os.<\/strong> No ten\u00edan a nadie y fueron a buscarse un futuro en Yemen. As\u00ed es la vida, a veces, fuera de nuestra burbuja. Durante cinco a\u00f1os fue trabajadora dom\u00e9stica: desde el amanecer hasta el alba; por periodos como interna y, otros, compartiendo habitaci\u00f3n para dormir con otras personas. Los detalles podr\u00edan llenar una novela, pero lo cuento con la misma ausencia de dramatismo con el que ella me los traslad\u00f3. Con un aplomo que no le ha robado la capacidad de acabar algunas descripciones dram\u00e1ticas con una sonrisa: como ocurre con el cante en el flamenco, hay penas que ri\u00e9ndolas se espantan.<\/p>\n<p>Siendo a\u00fan menor, <strong>el ISIS intent\u00f3 reclutarla,<\/strong> la guerra de Yemen se agrav\u00f3 y la explotaci\u00f3n laboral a la que estaba condenada como mujer migrante pobre, la empujaron a seguir con su b\u00fasqueda de oportunidades: Jordania, Siria, Turqu\u00eda. Y desde all\u00ed, a Moria.<\/p>\n<p>Como en cualquier espacio donde se suman hacinamiento, miseria, violaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los derechos humanos y la falta de un horizonte de mejora, en el campo de Moria la violencia se ceba contra las mujeres. La violencia sexual es tan acuciante que hab\u00eda <strong>mujeres que se pon\u00edan pa\u00f1ales por la noche para no tener que salir de sus tiendas<\/strong>, ni recorrer las largas distancias que hab\u00eda hasta los putrefactos ba\u00f1os p\u00fablicos. Esta sensaci\u00f3n de estar permanentemente en riesgo es otro de los elementos torturantes, m\u00e1xime cuando quien se supone que est\u00e1 encargado de tu protecci\u00f3n ignora tu solicitud de auxilio.<\/p>\n<p>Eso fue lo que le ocurri\u00f3 a Adanna y al resto de grupo de chicas somal\u00edes que viajaron juntas en la misma zodiac desde Turqu\u00eda y que compart\u00edan chabola. Cuando empezaron a ser hostigadas por un grupo de hombres afganos para que se plegaran a su orden y mando, a la vez que las discriminaban por ser negras impidi\u00e9ndoles el acceso a los enchufes, Adanna pidi\u00f3 protecci\u00f3n a polic\u00edas griegos. \u201cNo podemos hacer nada\u201d, le respondieron. Entonces se dio cuenta de que, pese a vivir en suelo europeo, segu\u00eda estando tan sola como siempre. \u201cPor las noches, no sal\u00edamos de la tienda y durante el d\u00eda nunca \u00edbamos solas a ning\u00fan sitio\u201d, explica quien ahora trabaja como traductora para una ONG, gracias a lo cual ha podido alquilar una habitaci\u00f3n en Mitilene, fuera del campo.<\/p>\n<p>El dolor que produce el asesinato de un ser querido es el que tiene m\u00e1s posibilidades de convertirse en odio. Un odio que puede transformarte totalmente como ser humano y pensar y hacer cosas que jam\u00e1s te habr\u00edas planteado en un contexto de seguridad y estabilidad. Esta conclusi\u00f3n, que casi todas las personas sabemos y entendemos, raramente nos la planteamos cuando pensamos en la cuesti\u00f3n migratoria y de b\u00fasqueda de refugio.<\/p>\n<p>Las pol\u00edticas de cierre de fronteras de la Uni\u00f3n Europea llevan casi 30 a\u00f1os obligando a las personas, que se mueven forzosamente, a exponer sus vidas y las de sus seres queridos, a la misma muerte, desesperaci\u00f3n y falta de oportunidades de la que huyen. Y cuando llegan a espacios de no-derecho como era Moria, y como lo est\u00e1 siendo el escenario del post-incendio, nuestros l\u00edderes pol\u00edticos -elegidos democr\u00e1ticamente- ordenan actuaciones que les <strong>vejan, humillan, violentan y maltratan.<\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de quebrarles f\u00edsica y psicol\u00f3gicamente, \u00bfqu\u00e9 consecuencias en su relaci\u00f3n con Europa y su poblaci\u00f3n esperamos que tenga esta espiral de torturas? <strong>\u00bfPor qu\u00e9 no entendemos que si inflingimos dolor sembraremos odio?<\/strong> \u00bfPor qu\u00e9 nos resulta tan f\u00e1cil extraer estas conclusiones cuando quienes los victimarios son Estados Unidos en la prisi\u00f3n de Abu Graib en Irak y no cuando ocurre en Lampedusa, Moria o Melilla?<\/p>\n<p>La Uni\u00f3n Europea ha creado estos focos de irradiaci\u00f3n de la idea de invasi\u00f3n para todo el contintente: \u00e1tomos de fisi\u00f3n a base de hacinamiento, desesperaci\u00f3n y degradaci\u00f3n que hagan creer que, en un continente de 446 millones de habitantes ,13.000 personas son un problema de seguridad y control. El desplazamiento de los refugiados de Moria, ahora simb\u00f3licamente a los arcenes, sigue siendo un laboratorio de odio: hacia el exterior, alimentando as\u00ed la xenofobia y la extrema derecha, pero tambi\u00e9n hacia el interior: el de esos <strong>padres y madres que hacen lo imposible para que sus hijos e hijas no se quieran suicidar<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>\u201cNo vi el rostro del polic\u00eda que me golpe\u00f3, pero s\u00ed su mirada: estaba llena de odio\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Rebecca ense\u00f1a el resultado de los golpes que, denuncia, recibi\u00f3 durante una manifestaci\u00f3n a favor de las personas refugiadas de Moria (P.S.)<\/p>\n<div>\n<p>Hay dos cosas que Rebecca repite varias veces a lo largo de la entrevista: que no entiende por qu\u00e9 fue golpeada por un polic\u00eda si era una manifestaci\u00f3n pac\u00edfica, y, menos a\u00fan, cuando llevaba a su perro en brazos, al que podr\u00edan haber herido.<\/p>\n<p>La joven de 23 a\u00f1os, vestida completamente de negro, a\u00fan se respinga cuando alguien le toca la espalda. Hace menos de 24 horas, seg\u00fan relata, un polic\u00eda le golpeaba las piernas y la espalda mientras le gritaba \u201c\u00a1Zorra!\u201d, \u201cHija de puta!\u201d y otros insultos \u201csexistas\u201d, como subraya.<\/p>\n<p>Tras <strong>los sendos incendios que arrasaron la pasada semana el campo de Moria<\/strong>, el movimiento antifascista de la isla de Lesbos convoc\u00f3 una manifestaci\u00f3n el viernes por la tarde por los derechos de las personas refugiadas as\u00ed como contra su encierro en un nuevo centro. La convocatoria reuni\u00f3 a unas 40 personas, entre militantes, estudiantes, algunos refugiados y voluntarios extranjeros que sol\u00edan trabajar en Moria.<\/p>\n<p>Partieron de la capital de la isla con destino a Kare Tepe, la poblaci\u00f3n cercana en cuya carretera malviven miles de personas refugiadas desplazadas por el incendio. \u201cEra una marcha pac\u00edfica y nunca tenemos problemas con la polic\u00eda de aqu\u00ed. Pero hab\u00eda oficiales tra\u00eddos de Atenas y uno de ellos fue el que me golpe\u00f3\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>Seg\u00fan ha confirmado el ministro de Protecci\u00f3n Civil, Michalis Chrisochoidis, miles de polic\u00edas han sido trasladados a la isla \u201cpara proteger la vida y la seguridad\u201d de\u00a0sus locales y de sus refugiados. Seg\u00fan ha podido constatar <em>La Marea<\/em>, las funciones de la Polic\u00eda con respecto a los solicitantes de asilo se basan en impedir su salida de la carretera de Kare Tepe, en la que permanecen al raso los desplazados por el incendio desde el mi\u00e9rcoles, y a forzar a aquellos que permanec\u00edan en las inmediaciones del antiguo campo de refugiados a que se trasladen a esta zona \u2013pegada al <strong>nuevo centro que est\u00e1 construyendo el Gobierno<\/strong>\u2013. El s\u00e1bado, adem\u00e1s, cargaron con gases lacrim\u00f3genos contra los desplazados que se manifestaban para pedir su salida de la isla y de Grecia: entre ellos, se encontraban numerosos beb\u00e9s y menores.<\/p>\n<p>Rebecca, que prefiere omitir su apellido, procede del interior de la Pen\u00ednsula helena donde no hay una tradici\u00f3n antifascista tan fuerte como en las islas del Egeo. \u201cCuando llegu\u00e9 aqu\u00ed sent\u00ed que pod\u00eda practicar las ideas en las que siempre hab\u00eda cre\u00eddo\u201d, explica. Lesbos era conocida durante la \u00e9poca de la resistencia griega a la ocupaci\u00f3n nazi y la posterior dictadura como<strong> una de las islas rojas<\/strong>. De hecho, la sede del Partido Comunista Griego se sigue encontrando en la plaza Saphou de Mitilene, en pleno centro, como reminiscencia del poder que un d\u00eda tuvo.<\/p>\n<p>En las \u00faltimas elecciones, celebradas en octubre de 2019, Nueva Democracia, el partido conservador representante de la oligarqu\u00eda cretense, gan\u00f3 en 11 de las 13 regiones de Grecia, incluida la del Norte del Egeo, a la que pertenece Lesbos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, una parte de la poblaci\u00f3n se ha ido acercando a ideas xen\u00f3fobas seg\u00fan aumentaba el n\u00famero de personas refugiadas en Moria, y se sent\u00eda abandonada por el Gobierno central y la Uni\u00f3n Europea.<\/p>\n<p>La isla de Lesbos tiene una poblaci\u00f3n estable de poco m\u00e1s de 80.000 habitantes y, a principios de 2020, las personas solicitantes de asilo superaban las 20.000. El <strong>partido neonazi Amanecer Dorado <\/strong>ha empleado las redes sociales para manipular la incertidumbre de una poblaci\u00f3n con <strong>p\u00e9simos servicios sociales, una alta tasa desempleo y una crisis econ\u00f3mica <\/strong>que se inici\u00f3, como en el resto del planeta, en 2008, y que no termina de remontar. El discurso del odio ha prendido entre una minor\u00eda local de la isla.<\/p>\n<p>\u201cEs habitual que nos graben o tomen fotos desde los balcones y que luego las suban a las redes sociales para se\u00f1alarnos p\u00fablicamente\u201d, explica Rebecca, quien denuncia que mientras el polic\u00eda le golpeaba el viernes con la porra, habitantes filofascistas de la isla la insultaban. \u201cNos dec\u00edan que nos iban a ense\u00f1ar c\u00f3mo se trata a las mujeres y despu\u00e9s nos siguieron en moto hasta un jard\u00edn de una casa en el que nos escondimos\u201d, a\u00f1ade.<\/p>\n<p>En el d\u00eda a d\u00eda \u2013afirma\u2013, los miembros activos en el grupo antifascista no son m\u00e1s de 40. Sin embargo, s\u00ed que hay una red de solidaridad amplia que sigue desarrollando actividades de apoyo a los refugiados desde 2015, cuando Lesbos se hizo famosa por su hospitalidad a los n\u00e1ufragos que llegaban a sus costas desde Turqu\u00eda.<\/p>\n<p>Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, siguen organizando recogidas de alimentos y enseres para las personas refugiadas, actividades de convivencia en Binio, el edificio que ocuparon con este fin, y, ahora, tras el incendio, preparan nuevas movilizaciones en las que, como ocurri\u00f3 en febrero, cuando el Gobierno heleno anunci\u00f3 que iba a convertir Moria en un centro cerrado, esperan que participen sectores transversales de la sociedad. Desde personas que rechazan la creaci\u00f3n del nuevo centro por defensa de la dignidad y los derechos de los refugiados, a aquellas que les violenta tener que seguir conviviendo con ese nivel de desigualdad e injusticia, como las que consideran que esta situaci\u00f3n les ha afectado en t\u00e9rminos sociales y econ\u00f3micos. Si hay algo en lo que coincide la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n de Lesbos y de las personas refugiadas es que <strong>no quieren un nuevo Moria<\/strong>.<\/p>\n<p>\u201cNo vi el rostro del polic\u00eda que me golpe\u00f3, pero s\u00ed su mirada: estaba llena de odio\u201d, concluye Rebecca, quien no entiende c\u00f3mo personas que lo han perdido todo pueden suscitar tanto rechazo. Porque la golpearon a ella, pero por defender a las personas refugiadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>El castigo colectivo tras las llamas: un campo-prisi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Los dos muchachos observan la construcci\u00f3n del nuevo campo de refugiados encaramados a un tanque en miniatura. Est\u00e1n en uno de los montes que circundan la carretera en la que miles de personas esperan salir de Lesbos desde que un incendio arras\u00f3 el campo de Moria.<\/p>\n<p>La escena es tan surrealista como asistir a una crisis humanitaria en el seno de la Uni\u00f3n Europea. En estos terrenos militares, atravesados por trincheras y b\u00fankeres, estos j\u00f3venes observan la costa turca, a apenas 16 kil\u00f3metros de distancia, encaramados a un carro de combate de juguete con el que el Gobierno griego ha <em>decorado<\/em> estos puestos vig\u00eda. Son afganos, y como la inmensa mayor\u00eda de los solicitantes de asilo, llegaron hasta aqu\u00ed huyendo de la guerra y de la violencia. Ahora se encuentran que son precisamente militares los que est\u00e1n construyendo su <strong>nueva c\u00e1rcel <\/strong>y no hay nada en este horizonte que les permita oxigenarse de tanta incertidumbre.<\/p>\n<\/div>\n<p>\u201cNo queremos ir ah\u00ed, para eso preferimos Moria\u201d. Ese es uno de los pensamientos que m\u00e1s se repet\u00eda el domingo entre las personas refugiadas. \u201cDe Moria, por lo menos, pod\u00edamos entrar y salir, pero este es una c\u00e1rcel: una vez que entras, <strong>ya no tienes permitida la salida<\/strong>\u201d, lamenta Mustaza Rizai, un afgano de 28 a\u00f1os que no da cr\u00e9dito ante el nuevo escenario.<\/p>\n<p>\u201cHay tres familias que entraron anoche voluntariamente y que se han escapado esta ma\u00f1ana porque no hay camas, ni electricidad, ni hospital\u2026.\u201d, a\u00f1ade. Conseguimos hablar con \u00e9l tras hacer buena parte del camino a la carretera de Kara Tepe por los montes a pie. La ma\u00f1ana del domingo, la Polic\u00eda cerraba los accesos a la prensa mientras varios centenares de refugiados ingresaban en el nuevo recinto.\u00a0Lo que nos encontramos cuando llegamos al nuevo escenario de la ignominia mundial era un territorio tomado por los <strong>rumores<\/strong> sobre los planes del Gobierno, sobre las condiciones del nuevo centro\u2026 Es el resultado del maltrato que est\u00e1n infringiendo las instituciones europeas al negar a estas personas su derecho a la informaci\u00f3n sobre cuestiones, incluso las m\u00e1s b\u00e1sicas, que afectan a su vida en el plazo m\u00e1s inmediato.<\/p>\n<p>Rizai ya hab\u00eda conseguido superar en 2015 toda esta gincana fronteriza dise\u00f1ada por la Uni\u00f3n Europea. Lleg\u00f3 a Suecia tras subirse a una patera en Turqu\u00eda y recorrer los Balcanes a pie.<\/p>\n<p>Pero atr\u00e1s hab\u00edan quedado su mujer e hijo, a la espera de que \u00e9l les allanara el camino. El permiso de trabajo que consigui\u00f3 tras casi un a\u00f1o en Suecia no le autorizaba para la reunificaci\u00f3n familiar, por lo que en 2018 viaj\u00f3 a Afganist\u00e1n y reinici\u00f3 la ruta, ahora con ellos. Hasta tres veces intercept\u00f3 la guardacostas turca su embarcaci\u00f3n antes de que lograran llegar a Lesbos. En la segunda ocasi\u00f3n, seg\u00fan cuenta, pasaron <strong>dos semanas presos en una celda <\/strong>junto a otra familia afgana antes de ser puestos en libertad.<\/p>\n<p>Una extra\u00f1a libertad que durante un a\u00f1o estuvo dedicada a intentar reanudar el \u00e9xodo, y que termin\u00f3 desembocando en otra c\u00e1rcel: el centro de Moria. Una historia m\u00e1s de las miles que se deshidratan bajo este sol, pero que explican <strong>los cuerpos contra los que estallan las pol\u00edticas migratorios europeas.<\/strong><\/p>\n<p>Por todo ello, Rizai no est\u00e1 dispuesto a volver a aceptar un nuevo encarcelamiento: el que ha anunciado el Gobierno griego, seg\u00fan el cual el centro que est\u00e1n construyendo ante la mirada de sus destinatarios, ser\u00e1 cerrado: una vez que entren, no podr\u00e1n salir. Esa es la condici\u00f3n que les ha puesto este lunes el ministro griego de Migraciones, Notis Mitarachi, a personas que no han cometido ning\u00fan delito para que sus solicitudes de asilo sea tramitadas: que <strong>acepten ser encarceladas a cambio de que se cumpla con su derecho a la protecci\u00f3n internacional.<\/strong> No hay <em>Black Mirror <\/em>ni <em>Colapso <\/em>que supere esta doctrina del <em>shock <\/em>a la que est\u00e1n siendo sometidas estas personas desde hace a\u00f1os. A nadie deber\u00eda extra\u00f1arle a estas alturas que Moria fuese ese lugar en el que criaturas de diez a\u00f1os deseaban suicidarse.<\/p>\n<p>\u201cEn Suecia nos esperaba la vida que dej\u00e9 dos a\u00f1os atr\u00e1s. Pero los papeles de solicitud de asilo de mi mujer e hijo se han quemado en el incendio\u201d, a\u00f1ade Rizai que, como todos los potenciales refugiados, se ven atrapados en una mara\u00f1a burocr\u00e1tica <strong>destinada a desincentivar a las personas que han visto su vida en peligro de pedir la protecci\u00f3n de los Estados m\u00e1s ricos <\/strong>del mundo.<\/p>\n<p>No hay normativa nacional ni internacional que ampare el encarcelamiento de solicitantes de asilo. Como no la hab\u00eda en marzo, cuando el Gobierno heleno cancel\u00f3 la posibilidad de solicitar asilo en plena crisis fronteriza con Turqu\u00eda. Como no la hay para otra decisi\u00f3n que preocupa mucho a las personas con las que nos encontramos: en el nuevo centro no hay apenas acceso a la electricidad, lo que significa que al no poder cargar sus m\u00f3viles y tener prohibida la salida,<strong> no se podr\u00e1n siquiera comunicar con el exterior.<\/strong><\/p>\n<p>Ese es el escenario por el que la inmensa mayor\u00eda de las personas entrevistadas para este reportaje rechazan frontalmente trasladarse a esas carpas, as\u00ed est\u00e9n plenamente informadas de las declaraciones de miembros del Gobierno griego que sostienen que ninguna de ellas saldr\u00e1 de esta isla en, al menos cuatro meses; as\u00ed sigan teniendo que dormir la intemperie, cocinar con las ramas que cortan en los descampados y ver cada uno de sus derechos m\u00e1s b\u00e1sicos pisoteados.<\/p>\n<p>Precisamente, desde una de las 200 tiendas de campa\u00f1a que, aproximadamente, el Ej\u00e9rcito ya ha desplegado en una planicie pegada a la bah\u00eda de Panagiouda, una de las poblaciones en que m\u00e1s ataques racistas han sufrido las personas refugiadas, nos contesta al tel\u00e9fono Jassera, una mujer negra de Rep\u00fablica Dominicana que desde hac\u00eda meses conviv\u00eda con la comunidad congole\u00f1a. Con ellos pod\u00eda pasar m\u00e1s desapercibida por el color de su piel y comunicarse con m\u00e1s facilidad, ya que hablan portugu\u00e9s.<\/p>\n<p>\u201cVine enga\u00f1ada, si hubiese sabido que esto era as\u00ed jam\u00e1s habr\u00eda venido\u201d, explica quien, hasta el s\u00e1bado, sol\u00eda estar sentada junto a sus conocidos con la capucha cubri\u00e9ndole buena parte del rostro. Nos confirma que en cada tienda viven entre 8 y 10 personas, <strong>durmiendo en el suelo porque a\u00fan no hay camastros<\/strong>, y que no tienen autorizaci\u00f3n para salir.<\/p>\n<p>Fuera del centro, al que seg\u00fan cifras oficiales hab\u00edan sido trasladadas m\u00e1s de 500 personas hasta la tarde del domingo, las colas del hambre se alargaban por centenares de metros para conseguir raciones de comida repartidas por diversas ONG. Entre los caminos y campos de los alrededores, decenas de familias recogen agua a trav\u00e9s de peque\u00f1os cortes en las mangueras de regad\u00edo para cuestiones tan esenciales como ba\u00f1ar a los ni\u00f1os y ni\u00f1as, beber y cocinar.<\/p>\n<p><strong>Una necesidad imperiosa<\/strong> a la que les ha forzado este abandono institucional y que, en algunos casos, abonar\u00e1 el rechazo que suscitan entre parte de la poblaci\u00f3n de Lesbos las consecuencias de haber convertido esta isla en un centro de detenci\u00f3n.\u00a0No todos los due\u00f1os de las plantaciones entender\u00e1n que rajar una goma es lo m\u00ednimo si de ello depende tu vida y la de tus seres queridos.<\/p>\n<p>Pero la irresponsabilidad institucional es a\u00fan mayor si recordamos que estamos en <strong>plena pandemia<\/strong>. Miles de personas est\u00e1n siendo obligadas desde hace d\u00edas \u2013aunque en realidad, desde su llegada a Lesbos\u2013 a pasar todo el d\u00eda y la noche pegados a conocidos y desconocidos, beber y cocinar con agua recolectada en riachuelos y mangueras de regad\u00edo, y, por supuesto, impidi\u00e9ndole mantener la higiene m\u00e1s m\u00ednima.<\/p>\n<p>El Gobierno regional y nacional ya culpabiliz\u00f3 a las personas refugiadas de la llegada de la pandemia a Lesbos cuando, hace dos semanas, se identific\u00f3 el primer caso en Moria, pese a que en el resto de la isla ya eran m\u00e1s de 100. Ahora, este nuevo escenario se presenta a\u00fan m\u00e1s incendiario:<strong> entre las 500 personas trasladadas al nuevo centro, ya han sido confirmados 14 casos<\/strong> de Covid-19.<\/p>\n<p>\u201cEsta situaci\u00f3n es resultado de la decisi\u00f3n del Gobierno griego de no intervenir. Es un castigo colectivo. Sacaron de la isla a los menores no acompa\u00f1ados porque quedaban mal en las fotos\u201d, sostiene Antonio, un activista espa\u00f1ol que prefiere no identificarse m\u00e1s. Con una caja de medicamentos bajo el brazo, busca a los enfermos cr\u00f3nicos a los que trataba hasta el d\u00eda del incendio. Tiene que mirar entre las carpas montadas con ca\u00f1as y mantas por los propios refugiados.<\/p>\n<p>La labor no es sencilla: si no fuese por el sistema colaborativo que las personas refugiadas construyen en los p\u00f3sters del tendido el\u00e9ctrico, pinchados con un cable y multiplicada su capacidad con multitud de regletas, <strong>nadie podr\u00eda recargar sus m\u00f3viles<\/strong>.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, estas obras de ingenier\u00eda de supervivencia no son suficientes para las miles de personas que permanecen a la intemperie, por lo que muchas permanecen incomunicadas durante d\u00edas. \u201cLa mayor\u00eda de los enfermos cr\u00f3nicos de diabetes, hipertensi\u00f3n o enfermedades vasculares fueron trasladadas a Atenas. Pero no las que tienen enfermedades mentales como esquizofrenia. Nadie ha pensado en ellas\u201d, explica el activista, quien recuerda que el ministro de Migraciones, Notis Mitarachi, declar\u00f3 que \u201clas personas migrantes est\u00e1n <strong>intentando chantajear a Europa<\/strong> para salir de la isla\u201d. Se refer\u00eda a la acusaci\u00f3n de que hab\u00edan sido los solicitantes de asilo quienes hab\u00edan prendido fuego a las tiendas de pl\u00e1stico que terminaron arrasando con Moria. Una aseveraci\u00f3n que no ha sido corroborada por ninguna investigaci\u00f3n oficial.<\/p>\n<p>Con el anuncio este lunes de Mitarachi de que solo se tramitar\u00e1n las demandas de asilo de aquellos que acepten ingresar en el centro cerrado, la presi\u00f3n sobre las familias se est\u00e1 volviendo insoportable. Han de elegir entre seguir resistiendo a la intemperie y exponi\u00e9ndoles a las <strong>bombas lacrim\u00f3genas <\/strong>que la polic\u00eda ha lanzado en varias ocasiones contra los manifestantes, como el pasado s\u00e1bado, o aceptar un nuevo encierro que podr\u00eda entra\u00f1ar la posibilidad de una salida en meses o a\u00f1os.<\/p>\n<p>Una decisi\u00f3n que est\u00e1 desbordando emocionalmente a los progenitores, que ya estaban atravesando un estr\u00e9s emocional insoportable, como explica Mario L\u00f3pez, psic\u00f3logo responsable del proyecto de Salud Mental de M\u00e9dicos Sin Fronteras en Moria desde hace cuatro meses. \u201cEn los primeros d\u00edas tras el incendio, hab\u00eda cierta esperanza e ilusi\u00f3n porque pensaban que se hab\u00eda acabado Moria y que ser\u00edan trasladados fuera de Lesbos. Pero, ahora que est\u00e1n viendo que no, esto puede generar en situaciones peores, incluso de violencia por la desesperaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>L\u00f3pez, con experiencia en crisis humanitarias en \u00c1frica y Asia, es la primera vez trabaja como cooperante en Europa. \u201c<strong>Los ni\u00f1os y ni\u00f1as est\u00e1n muy callados<\/strong>, cuesta mucho que articulen lo que han vivido, m\u00e1xime cuando ven esa desesperaci\u00f3n en sus padres y madres. Y esos no saben qu\u00e9 hacer, ni qu\u00e9 decidir\u2026\u201d.<\/p>\n<p>L\u00f3pez no oculta su decepci\u00f3n con las instituciones que le representan como ciudadano: \u201cLe exijo mucho a la UE porque lo puede hacer: dar una respuesta r\u00e1pida, eficaz y coordinada para estas familias. <strong>Es ahora cuando se puede prevenir que el odio eche ra\u00edces<\/strong> y crear nuevos traumas\u201d. Mario recuerda que estas personas ya vienen de trayectorias vitales muy traumatizadas, que han sido agravadas en los meses o, incluso, a\u00f1os que han pasado encerradas despu\u00e9s en Moria, y que desde marzo viv\u00edan confinados por la Covid-19\u2026 Y, ahora, el Gobierno heleno todo lo que les dice es que se olviden de salir de Lesbos.<\/p>\n<p>A apenas 15 minutos en coche, <strong>tres familias afganas se sienten culpables <\/strong>por tener un techo, unas literas, una cocina y ba\u00f1os, mientras familiares y vecinos de Moria yacen en los m\u00e1rgenes de una carretera. Al caer la tarde del domingo, Ahmed Khazimi y Fatima Khalatin juegan con su hija de seis a\u00f1os y su beb\u00e9 de 4 meses en una plaza del centro de Mitiline. Cerca se encuentra el edificio de la ONG griega Eliahtida, que ofrece alojamiento y acceso a la educaci\u00f3n a familias en situaci\u00f3n de extrema vulnerabilidad, si es posible establecer escalafones en este sentido en un sitio como Moria.<\/p>\n<p>Hace solo dos meses que este joven matrimonio vive en un dormitorio del edificio: aqu\u00ed llegaron con su ni\u00f1a, con una enfermedad de desarrollo cognitivo, y con su beb\u00e9 de dos meses. Pero no pueden dejar de pensar en quienes se convirtieron en su familia durante el a\u00f1o que permanecieron en el campo de refugiados. Por ello, el viernes, Ahmed compr\u00f3 leche en polvo, pa\u00f1ales y algo de comida, y se dirigi\u00f3 a la carretera de Kara Tepe para entreg\u00e1rselos. Sab\u00eda que entrar ser\u00eda f\u00e1cil y salir dif\u00edcil, pese a contar con un documento que acredita que est\u00e1 alojado en este edificio. Y as\u00ed fue. Seg\u00fan cuenta, tuvo que dedicar <strong>m\u00e1s de cuatro horas a convencer a los polic\u00edas de que le dejasen salir.<\/strong><\/p>\n<p>Hay refugiados que han alquilado un piso en Mitiline y otros que viven en proyectos de alojamiento de ONG situados en la capital de la isla. Sin embargo, <strong>la Polic\u00eda a menudo no reconoce su documentaci\u00f3n<\/strong>, por lo que temen ir a ver a sus familiares y conocidos por el riesgo a quedarse atrapados tambi\u00e9n en la calle. Muchos se arriesgan igualmente para llevarles enseres y alimentos porque son su \u00fanica conexi\u00f3n con el mundo exterior.<\/p>\n<p>Para las personas refugiadas no solo sobrevivir se ha convertido en un acto de resistencia y clandestino, sino que las autoridades han encontrado con esta nueva barrera la v\u00eda para <strong>impedir la solidaridad entre quienes tienen techo y quienes se han convertido en personas sin hogar<\/strong>. Llama la atenci\u00f3n el esfuerzo y el presupuesto que las instituciones dedican en Lesbos a convertir cada segundo de estas personas en un infierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>\u00ab\u00bfC\u00f3mo vamos a huir del campo cerrado si arde?\u201d<\/strong><\/p>\n<p>\u2013 \u00bfPor qu\u00e9 es la manifestaci\u00f3n?, me pregunta el muchacho.<\/p>\n<p>\u2013 Por vosotros, los refugiados, contesto.<\/p>\n<p>\u2013 Pero, \u00bfpara que nos volvamos a nuestros pa\u00edses o a favor?<\/p>\n<p>\u2013 Para que os vay\u00e1is al pa\u00eds que quer\u00e1is, le contesto.<\/p>\n<p>\u2013 Eso es lo que queremos los refugiados, eso\u2026<\/p>\n<p>Ilian est\u00e1 sentado en una esquina de la escalinata que hace las veces de escenario. Fotoperiodistas y camar\u00f3grafos graban desde aqu\u00ed el centenar de personas que han acudido a la manifestaci\u00f3n a favor de las personas refugiadas. <strong>La ha convocado el Partido Comunista y la asociaci\u00f3n de sindicatos de Lesbos<\/strong>. Los asistentes est\u00e1n satisfechos con la asistencia. \u201cEs normal que no venga m\u00e1s gente. Llevamos cinco a\u00f1os manifest\u00e1ndonos y la situaci\u00f3n siempre va a peor. Adem\u00e1s, ya no es tan f\u00e1cil simplemente hacer visible nuestro apoyo a los refugiados, porque la vida en la isla se ha vuelto m\u00e1s compleja. Tambi\u00e9n hay miedo al coronavirus\u201d, explica Sof\u00eda, una maestra de Primaria que a\u00fan no ha cumplido la treintena. A su alrededor, habitantes de la isla, de todas las edades, sostienen carteles contra el encierro de las personas refugiadas en un nuevo campo. Lo hacen guardando la distancia de seguridad.<\/p>\n<p>Los tres adolescentes no les prestan ninguna atenci\u00f3n: <strong>est\u00e1n sentados mirando en direcci\u00f3n al puerto<\/strong>, donde atraca la guardacostas helena que patrulla las costas del Mar Egeo. La luz del atardecer ba\u00f1a de rojo la impresionante c\u00fapula de la iglesia ortodoxa Agios Therapontas y las pocas lanchas que cruzan la bah\u00eda provocan una estela de ondas que dan vida al reflejo de una ciudad que, seis siglos antes de Cristo, vivi\u00f3 su momento de mayor esplendor.<\/p>\n<p>\u201cSi uno de mis tres hermanos peque\u00f1os me pidiese consejo sobre venir a Europa le dir\u00eda que s\u00ed. Salvo que tuviera que pasar por Grecia. Entonces, no\u201d. Ilan dice que est\u00e1 a punto de cumplir los 18 a\u00f1os, pero parece m\u00e1s peque\u00f1o. Sus ojos achinados, propios de la etnia afgana de los hazara, miran muy lejos cuando termina frases tan contundentes y sonoras como las de una canci\u00f3n de rap. Quer\u00eda ser m\u00fasico cuando lleg\u00f3 a Grecia con 16 a\u00f1os: \u201cPero aqu\u00ed no hay ninguna oportunidad para nosotros\u201d.<\/p>\n<p><strong>Ilan viv\u00eda en Ir\u00e1n cuando sus padres lo mandaron para Turqu\u00eda<\/strong> para ver si as\u00ed ten\u00eda una vida menos miserable que la de ellos. All\u00ed, a sus quince a\u00f1os, pas\u00f3 dos meses encerrado en una habitaci\u00f3n para evitar ser detenido por la Polic\u00eda. Y entonces, por fin, previo pago de 700 euros, la patera, Lesbos\u2026 y \u2018the hell\u2019, el campo de Moria. Pas\u00f3 un a\u00f1o en lo que se llamaba la Safe Zone, el recinto cerrado con carpas destinadas a los menores no acompa\u00f1ados. Entonces, fue trasladado a Limonaky, una casa de acogida para los chavales que viajan sin adultos y que, ahora, Ilian siente que se ha convertido en una maldici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cA los menores que viv\u00edan en Moria se los han llevado a Atenas, y nosotros nos hemos quedado aqu\u00ed porque dicen que, como tenemos techo y comida, estamos bien. Pero nosotros queremos irnos\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>Al contrario que sus dos amigos, Ilan no intenta aparentar ser mayor de su edad o un malote. Tampoco oculta su abatimiento, ni hace gala del mismo. \u201cNo estoy bien psicol\u00f3gicamente. Ninguno lo estamos: tomo pastillas para la depresi\u00f3n. Esto es como una c\u00e1rcel\u201d. Ilan denuncia que los menores que, como \u00e9l, deambulan buena parte del d\u00eda por la calle, sufren agresiones de la Polic\u00eda, de vecinos xen\u00f3fobos, que hay conductores de autobuses que no les contestan cuando entran\u2026 Pero, sobre todo, <strong>le indigna que no le hayan permitido matricularse en el colegio<\/strong>. \u201cEn el centro me dijeron que no hab\u00edan aceptado mi solicitud de ingreso\u201d, expone.<\/p>\n<p>En dos a\u00f1os en Lesbos, Ilian no ha ido un solo d\u00eda a clase, ni tiene un solo amigo griego, \u201csolo refugiados\u201d. Es l\u00f3gico: no hay espacios de encuentro. \u201cNadie nos habla como si fu\u00e9semos seres humanos\u201d, lamenta. Si la adolescencia ya es una etapa de tobog\u00e1n emocional por la definici\u00f3n personal frente a la mirada ajena, desconocemos las consecuencias que puede tener vivirla siendo un migrante desterrado en una isla sin fecha de salida.<\/p>\n<p>Justo en ese momento interviene su amigo Abdulsafi, de 16 a\u00f1os. \u201cNos dijeron que nos llevar\u00edan a jugar al f\u00fatbol y nada. Todo lo que nos gusta no le interesa a nadie\u201d. Este ni\u00f1o lleg\u00f3 de Afganist\u00e1n a Lesbos hace siete meses y lleva tres en la casa de acogida. Unos gritos nos sacan de la conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dos hombres con pelo blanco pasan de cruzarse unas palabras a los gritos en menos de cinco segundos. Dos j\u00f3venes con rasgos \u00e1rabes los observan callados. Uno de los griegos en liza se\u00f1ala compulsivamente a la manifestaci\u00f3n: es obvio que la controversia est\u00e1 relacionada con las personas solicitantes de asilo. El que ha increpado al que hablaba con los palestinos-sirios, como sabr\u00edamos despu\u00e9s, sigue su camino mientras contin\u00faa protestando con aspavientos.<\/p>\n<p>\u201cMe ha dicho que la gente de las ONG estamos destruyendo su isla, que hemos venido para traer el fuego\u201d, me explica este palestino que lleva casi 40 a\u00f1os viviendo en Grecia y que prefiere omitir su nombre. \u201cLe he dicho que yo soy griego y que puedo venir cuantas veces quiera\u201d. Este int\u00e9rprete, que reside en Atenas, ha venido hasta la isla para trabajar en la recepci\u00f3n del nuevo centro cerrado para las personas refugiadas. Admite que desde hace un par de a\u00f1os son habituales este tipo de discusiones entre griegos en la calle: \u201cEl problema lo han creado los medios, difundiendo mentiras sobre los refugiados continuamente: <strong>que si han cometido una violaci\u00f3n, que si han robado no s\u00e9 qu\u00e9\u2026 Muchos griegos se lo han cre\u00eddo y tienen miedo<\/strong>. Ese hombre me ha llamado \u2018agente de las ONG\u2019. Nos han vuelto enemigos\u201d, contin\u00faa.<\/p>\n<p>Mientras los altavoces de los convocantes de la concentraci\u00f3n contin\u00faan lanzando consignas y c\u00e1nticos revolucionarios, el Gobierno griego avanza velozmente con la construcci\u00f3n del nuevo campo para las personas refugiadas. Por la ma\u00f1ana, la presencia policial era ostentosamente mayor que los d\u00edas anteriores en el tramo de la carretera de Kara Tepe, donde miles de personas afrontaban su octavo d\u00eda a la intemperie. La Polic\u00eda imped\u00eda a los periodistas el acceso a las entradas oficiales y la desesperaci\u00f3n resultaba evidente entre los desplazados.<\/p>\n<p><strong>\u201c\u00bfQu\u00e9 hacemos? T\u00fa c\u00f3mo periodista tienes m\u00e1s informaci\u00f3n que nosotros.<\/strong> \u00bfIngresamos en el nuevo campo o seguimos tirados en la calle?\u201d, me preguntaba Joanna Zola, una treinta\u00f1era de un grupo de refugiados de Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo a los que llevo viendo c\u00f3mo se van apagando, d\u00eda tras d\u00eda, durante la \u00faltima semana. No hay respuesta posible, ni justa ni acertada. Y ese es el imposible dilema al que el Gobierno heleno y la inacci\u00f3n de la Uni\u00f3n Europea est\u00e1 condenando a estas personas.<\/p>\n<p>Mientras,<strong> trabajadores del Gobierno regional intentan convencer a los desplazados por el incendio de que acepten ingresar en el nuevo campo cerrado<\/strong>, algo que rechazan especialmente los afganos, que representan m\u00e1s del 80% de los solicitantes de asilo en Lesbos. \u201cPiensen en sus hijos, estar\u00e1n mejor en las tiendas. Y as\u00ed, en seis meses, estar\u00e1n en Atenas\u201d, dice uno de los funcionarios, a trav\u00e9s de un int\u00e9rprete de farsi, a un grupo de hombres. \u201cTarde o temprano tendr\u00e1n que entrar, mejor hacerlo organizadamente\u201d, insiste ante su rechazo.<\/p>\n<p>En el parking del supermercado Lidl, en el que permanecen cientos de personas, tres mujeres somal\u00edes de tres generaciones distintas permanecen sentadas en el mismo sitio desde que el campo de Moria sali\u00f3 ardiendo. Moverse podr\u00eda suponer perder esta valiosa sombra. \u201cNo queremos ir al campo, queremos salir de esta isla\u201d, resume Nimau, mirando a su madre y a su hermana. \u201cNos han dicho que van a meterle fuego. \u00bfC\u00f3mo vamos a huir del campo cerrado si arde?\u201d, a\u00f1ade. Horas m\u00e1s tarde, la noche del martes, se declarar\u00eda un incendio en el campo de refugiados de la isla de Samos. Ser\u00eda controlado horas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Arden los campos en Grecia mientras se convierte en cenizas el sistema europeo de protecci\u00f3n internacional.<\/p>\n<\/div>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algunos podcasts sobre el Campo de Lesbos desde el a\u00f1o 2017, como para ir analizando como ha evolucionado la represi\u00f3n q empez\u00f3 como ayuda al llamarles los estados \u201cCampos de Refugiadxs\u201d, pero en realidad son Campos de Exterminio y Control.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El d\u00eda a d\u00eda en el campo de Refugiado de Lesbos<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/www . ivoox . com\/dia-a-dia-campo-de-audios-mp3_rf_19095175_1.html<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ElCandelero20200502<\/strong><\/p>\n<p>En \u201cEl Candelero\u201d (RVK, 107.5 FM), el programa de la Asociaci\u00f3n Cultural Candela, hablamos del Plan de Choque Social con Gonzalo Maestro (Coordinadora de Vivienda de Madrid). In\u00e9s Marco (Wish Lesbos) nos contar\u00e1 la situaci\u00f3n que se est\u00e1 viviendo en los campos de refugiados de Lesbos con la pandemia de covid-19 y sus repercusiones sobre las pol\u00edticas migratorias.<\/p>\n<p>https:\/\/www . ivoox . com\/elcandelero20200502-audios-mp3_rf_50640155_1.html<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Carne Cruda \u2013 El infierno en el para\u00edso (DESDE LESBOS #546)<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/www . ivoox . com\/carne-cruda-el-infierno-paraiso-audios-mp3_rf_35457031_1.html<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otros enlaces ilustrativos adjuntos<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Refugiados: Viaje a trav\u00e9s del infierno | DW Documental<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=T6H534VStvM<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Im\u00e1genes de la crisis de refugiados | DW Documental<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=UuI9QRNRuqc<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Isla de Lesbos, donde los sue\u00f1os de migrantes se convierten en desilusi\u00f3n<\/strong> <i class=\"icon ion-md-headset\"><\/i><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=GXEEbt0XAyw<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tomates y codicia \u2013 El \u00e9xodo forzado de los agricultores de Ghana | DW Documental<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=dL1LzeslJbQ<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00bfEsclavitud en Italia? | DW Documental<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=8V2Ep-VJdEE<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>MIGRANTES (La Bestia) El Tren de la Muerte \u2013 Documentales<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=Ou8nVzKY5H0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Las Patronas: tender una mano al migrante<\/strong><\/p>\n<p>https:\/\/invidious . snopyta . org\/watch?v=PMJ1JLWbbPk<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong><em>*Abajo todas las fronteras y dem\u00e1s c\u00e1rceles*<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eso de colocar l\u00edmites fronterizos en mapas o f\u00edsicamente con muros, rejas \u2026 y puestos de control son otra forma de controlarnos, separarnos y exterminarnos. 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