{"id":512,"date":"2020-12-23T00:57:59","date_gmt":"2020-12-22T23:57:59","guid":{"rendered":"http:\/\/orange2sky.noblogs.org\/?p=512"},"modified":"2020-12-23T00:57:59","modified_gmt":"2020-12-22T23:57:59","slug":"manifiesto-salvaje-dominacion-miedo-y-desobediencia-radical","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/?p=512","title":{"rendered":"Manifiesto Salvaje: dominaci\u00f3n, miedo y desobediencia radical"},"content":{"rendered":"<p>*Aunque tiene un tinte de ecolog\u00eda social el cual no compartimos todo su discurso por ser (para nuestro entendimiento) Reformista de toda esta red de dominaci\u00f3n que no solo empieza con el colonialismo, sino que desde los inicios de la agricultura y dem\u00e1s opresiones en su paso, compartimos este manifiesto*<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>\u00bfQueda algo de lo salvaje en el siglo XXI? En las selvas y sierras ya casi no hay sitios que sean realmente silvestres ni que est\u00e9n libres de alguna huella del capitalismo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Las bestias salvajes apenas sobreviven en pocos sitios, y son m\u00e1s conocidas por los documentales televisivos o detr\u00e1s de las rejas en zool\u00f3gicos.<\/p>\n<p>El rugido del puma se puede reproducir desde una aplicaci\u00f3n en el celular. El ind\u00edgena ya no deber\u00eda ser salvaje, y si lo fuera sigue sin ser un elogio para muchos. Lo salvaje est\u00e1 atado al pasado de grabados y fotos en blanco y negro, a una historia que qued\u00f3 atr\u00e1s. La ecuaci\u00f3n es menos salvajismo y m\u00e1s modernidad, menos selva y m\u00e1s pl\u00e1stico.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa ser salvaje hoy? En el vocabulario actual esa palabra tiene otros usos. Algunos la usan para denunciar como salvajes a los que hacen la guerra o a los mercenarios en las bandas de narcotraficantes. Es lo que detestamos. Pero en sentido contrario, salvaje tambi\u00e9n puede ser el slogan en la publicidad de un desodorante o un perfume. Es una ancestralidad animal que algunos a\u00f1oran.<\/p>\n<p>Sea de un modo u otro, salvaje no es una palabra cualquiera. Mucho menos es un t\u00e9rmino sin historia. Ha marcado el devenir del sur global desde el primer d\u00eda de la colonizaci\u00f3n. Se intent\u00f3 aplacar el temor fundacional imponiendo la civilizaci\u00f3n sobre lo salvaje, sea sobre otros humanos o sobre la Naturaleza.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo fueron muchos los que festejaron que el sentido de lo salvaje fuera reemplazado por ideas como progreso, desarrollo o modernizaci\u00f3n. Pero no hay nada que celebrar. Cuando lo salvaje perdi\u00f3 sus entra\u00f1as, el envoltorio que subsisti\u00f3 fue m\u00e1s f\u00e1cil de dominar y controlar. La obediencia se acepta, se la impone, incluso se la desea.<\/p>\n<p>Ante las m\u00faltiples crisis que ahora enfrentamos, se vuelve inevitable romper con ese acatamiento que nos deja cada vez m\u00e1s indefensos e inmovilizados. Es tiempo de desobediencias, y para ello, necesitamos volver a ser salvajes.<\/p>\n<p>Reinventando a los salvajes<\/p>\n<p>Antes de entrar al infierno estaba la selva, y ella era salvaje. Un espacio oscuro, \u00e1spero y espeso, que despertaba el pavor, seg\u00fan lo dejaba en claro Dante Alighieri en su Divina Comedia (1).<\/p>\n<p>Ese miedo, confesado casi dos siglos antes de la llegada a las Am\u00e9ricas, era la carga que portaban los colonizadores. Los primeros europeos que pisaron las playas americanas aplicaron esas ideas convirtiendo a casi todo lo que les rodeaba en salvaje.<\/p>\n<p>No inventaron nada, sino que ejecutaron un malabarismo transatl\u00e1ntico que trasplant\u00f3 los mitos europeos a las tierras americanas y sus habitantes de las Am\u00e9ricas (2). Fueron incapaces de hacerlo de otra manera.<\/p>\n<p>Es que, en la Europa occidental de aquellos tiempos, salvaje era la etiqueta que se aplicaba a los bosques, a las monta\u00f1as o a cualquier otro sitio remoto, a los animales silvestres, pero tambi\u00e9n a hombres y mujeres que viv\u00edan en esos lugares, los incultos que estaban desnudos o con ropas gastadas, recubiertos de vello desde los pies a la cabeza, incapaces de hablar o que si lo hac\u00edan eran muy rudos (3). Un imaginario de espacios sin cultivar, animales sin domesticar, caos y desorden.<\/p>\n<p>Pero lo que no siempre se advierte es que la idea de salvaje es \u00edntimamente dependiente del miedo. Aquel pavor que invocaba Dante se deb\u00eda a que esos sitios les resultaban peligrosos y los incultos que los habitaban no se diferenciaban de las fieras del bosque. El temor una y otra vez aparece asociado a lo salvaje, aplicado tanto al ambiente como a sus habitantes, indiferenciados unos de otros, y esa fue la sensibilidad que instalaron los colonizadores en nuestro continente.<\/p>\n<p>Los nuevos paisajes que encontraron en las Am\u00e9ricas, no s\u00f3lo les resultaban desconocidos, sino que les atemorizaban. Pod\u00edan morir al intentar cruzar un r\u00edo, llegaban a padecer hambre por no saber qu\u00e9 comer, los diezmaban nuevas enfermedades y todo tipo de par\u00e1sitos, y, adem\u00e1s, pod\u00edan ser atacados. No s\u00f3lo tem\u00edan morir, sino que incluso despu\u00e9s de muertos pod\u00edan ser canibalizados.<\/p>\n<p>Al inicio de la colonizaci\u00f3n, Hern\u00e1n Cort\u00e9s ya dejaba en claro en sus cartas al rey, que todo lo que le rodeaba era inmenso y exuberante, una Naturaleza que describe como espantosa, a la que teme porque le resulta hostil e inentendible (4). Lo colonizadores repetidamente est\u00e1n al borde de morir de hambre o sed o de extraviarse en la espesura, retratando sitios con monta\u00f1as desmesuradas, ci\u00e9nagas inabarcables, r\u00edos furiosos y lluvias interminables.<\/p>\n<p>Ese temor nunca se apagar\u00eda. Siglos despu\u00e9s, Thomas Whiffen, en su exploraci\u00f3n en la Amazon\u00eda, en 1915, admit\u00eda que la selva era un \u201cdespiadado enemigo\u201d, \u201cinnatamente mal\u00e9volo\u201d, una oscura \u201cbarbarie\u201d, porque no hay nada \u201cm\u00e1s cruel en la naturaleza que la vegetaci\u00f3n inconquistada de la selva\u201d. Viajar por la Amazon\u00eda era el \u201chorror de lo no visto\u201d (5).<\/p>\n<p>No se le ha dado suficiente atenci\u00f3n a este temor fundacional que flu\u00eda entre los reci\u00e9n llegados. Esa emoci\u00f3n obligaba a dominar cuanto antes a la Naturaleza y sus habitantes. Todo esto alimenta la obsesi\u00f3n europea en dominar a la geograf\u00eda y a los originarios ya que en primer lugar quer\u00edan sobrevivir, y una vez que lo consegu\u00edan, s\u00f3lo en ese momento, podr\u00edan lanzarse a saciar la ambici\u00f3n de apropiarse del oro, la plata y cualquier otro recurso valioso. La compulsi\u00f3n por la dominaci\u00f3n se alimentaba del temor. La codicia los llevaba a adentrarse en esos nuevos territorios, pero de todos modos podr\u00eda decirse que el colonizador, en el fondo, era un miedoso, lo sab\u00eda, y por ello detestaba todav\u00eda m\u00e1s a lo salvaje.<\/p>\n<p>Los pueblos originarios, que hoy gen\u00e9ricamente denominamos como ind\u00edgenas, y que los colonizadores observaban como salvajes e infieles, ten\u00edan que ser maniatados y sojuzgados.<\/p>\n<p>El ambiente que les rodeaba, que gen\u00e9ricamente denominaban como selva, desierto o monta\u00f1a, tambi\u00e9n ten\u00eda que ser dominado. Lo que no estaba nominado era descubierto para ser etiquetado, y la etiqueta de salvaje justificaba la conquista, la explotaci\u00f3n y la cristianizaci\u00f3n. El colonizador no dudaba en usar la violencia para lograrlo. Su violencia es la contracara de su miedo. Cuanto m\u00e1s se les tem\u00eda, m\u00e1s crueles se volvieron, y la idea de salvaje tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en una justificaci\u00f3n de su deshumanizaci\u00f3n. Al animalizarlos se sent\u00edan liberados de reparos morales en someterlos o incluso matarlos.<\/p>\n<p>Civilizar a los salvajes<\/p>\n<p>El miedo primordial ante la condici\u00f3n salvaje nunca se super\u00f3. Se lo enfrent\u00f3 con una sucesi\u00f3n de ideas, acciones y pretensiones, como las de civilizar, cristianizar, educar, ilustrar, y muchas otras. Todas ellas desembocaron en la dominaci\u00f3n y el control; cada una alimentaba la esperanza de servir como ant\u00eddoto ante el temor permanente.<\/p>\n<p>Se insisti\u00f3 en que la colonizaci\u00f3n superar\u00eda el mundo salvaje: se pod\u00eda cultivar tanto las tierras como las mentes y corazones de los originarios para liberarlos de su supuesto atraso, y era posible catequizarlos para salvarlos. Pero sabemos que las sierras y las selvas americanas no eran incultas, sino que en ellas se aplicaba otra agricultura, otra ganader\u00eda, otros usos de los bosques, otro manejo de las aguas, etc., presentes antes de la llegada de los europeos. En varias regiones ni siquiera exist\u00eda una Naturaleza intocada, sino que eran paisajes moldeados por sembrad\u00edos, pastoreo y manejo de aguas. Del mismo modo, tampoco eran incultos sus habitantes, ya que atesoraban sus propias expresiones art\u00edsticas, su pol\u00edtica, sus guerras y sus religiones.<\/p>\n<p>Toda esa diversidad en vez de calmar al colonizador reforzaba su temor. El ambiente es sentido como hostil por ser excesivo y exuberante, y por el \u201cextra\u00f1amiento que despierta, por desconocimiento, en el hombre europeo que intenta dominarlo\u201d, tal como advierte B. Pastor (6). Percibe todo eso como agresi\u00f3n y convierte al entorno en su principal enemigo. Todo eso los llevo a imponer a\u00fan m\u00e1s su religiosidad, su moral y su pol\u00edtica. Se requer\u00eda obediencia, lo que no puede sorprender porque la tradici\u00f3n europea que podr\u00eda rastrearse hasta los cl\u00e1sicos europeos, la vida en la polis implicaba el acatamiento a sus normas y mandatos. Ese es el tipo de civilidad es necesaria para dejar atr\u00e1s la condici\u00f3n salvaje, para asegurar el orden en el caos de lo incomprendido, para liberarse del miedo. No est\u00e1n en juego en esto las intenciones sino una din\u00e1mica hist\u00f3rica, ya que a\u00fan donde existieran los mejores prop\u00f3sitos y la mayor compasi\u00f3n, siempre se ca\u00eda en imponer obediencia y control. Llegado el caso no dudaban en librar \u201cguerras contra los naturales\u201d, como en su momento lo justific\u00f3 la corona espa\u00f1ola, o en castigar violentamente a los desobedientes.<\/p>\n<p>Esa dominaci\u00f3n segu\u00eda una racionalidad y afectividad que repetidamente se dej\u00f3 en claro. Era simult\u00e1neamente social y ecol\u00f3gica, ya que, as\u00ed como las fieras \u00abse amansan y se sujetan al imperio del hombre\u00bb, del mismo modo \u00abel var\u00f3n impera sobre la mujer, el hombre adulto sobre el ni\u00f1o, el padre sobre sus hijos, es decir, los m\u00e1s poderosos y perfectos sobre lo m\u00e1s d\u00e9biles e imperfectos\u00bb, tal como lo dej\u00f3 muy en claro Juan Gin\u00e9s de Sep\u00falveda hacia 1550.<\/p>\n<p>Siguiendo esa postura, los espa\u00f1oles ten\u00edan un \u201cperfecto derecho\u201d de \u201cimperar sobre estos b\u00e1rbaros del Nuevo Mundo\u201d, porque son tan \u201cinferiores a los espa\u00f1oles como los ni\u00f1os a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clement\u00edsimas\u2026, y estoy por decir que de monos a hombres\u201d (7). Esas ideas resumen, con toda cristalinidad, la dominaci\u00f3n sobre la Naturaleza, el patriarcado y el colonialismo que se despleg\u00f3 en los siglos siguientes.<\/p>\n<p>Como contracara, los pueblos ind\u00edgenas r\u00e1pidamente comenzaron a entender, seg\u00fan algunos de los pocos testimonios disponibles, que los espa\u00f1oles estaban \u00fanicamente interesados en robar, especialmente alimentos y oro, esclavizar a los varones o violar a mujeres. Los retrataban como ladrones y asesinos, y eso r\u00e1pidamente llev\u00f3 al rechazo, el resentimiento y el odio (8).<\/p>\n<p>Es cierto que se intercalaron algunas pol\u00e9micas que, por ejemplo, presentaban al salvaje como verdaderamente bueno y noble. Montaigne proclamaba que el salvajismo anidaba en Europa, y m\u00e1s tarde, Rousseau afirmaba que no hab\u00eda nada m\u00e1s dulce que el hombre en su estado primitivo (9).<\/p>\n<p>Del otro lado, segu\u00edan en sus trincheras los que insist\u00edan en pintar al salvajismo como negativo, atrasado o inmaduro. Hegel con toda su petulancia ense\u00f1aba desde la c\u00e1tedra prusiana que los pueblos de las Am\u00e9ricas ten\u00edan una \u201cd\u00e9bil cultura\u201d que \u201cperecen cuando entran en contacto con los pueblos de cultura superior\u201d, la que, por supuesto, era europea. De todos modos, quedaba en claro su temor a que esos inmaduros, esas culturas infantiles, finalmente podr\u00edan vencer la batalla de la historia (10).<\/p>\n<p>No hay que confundirse porque esas oposiciones, los Rousseau contra los Hegel, nunca dejaron de ser enfrentamientos entre los modernos europeos. Cada bando moldeaba a su modo una idea de la condici\u00f3n salvaje para atacar a sus contrincantes, pero sin que participaran esos indios expres\u00e1ndose en sus propias lenguas y modos. No se encontrar\u00e1n defensas ni reivindicaciones dichas o escritas en n\u00e1huatl, aymara o mapudung\u00fan. Aquellos eran debates de sal\u00f3n del otro lado del Atl\u00e1ntico que no lograron m\u00e1s que alguna incomodidad en la marcha de la Modernidad, donde cada uno defend\u00eda su propia versi\u00f3n del progreso universal (11).<\/p>\n<p>Las etiquetas pod\u00edan cambiar, haciendo que los salvajes se volvieran naturales, infieles, impuros, indios, y se los catalogaba seg\u00fan su sangre, su casta, raza o religi\u00f3n, siempre bajo modos que legitimaran la dominaci\u00f3n colonial (12). Con el paso del tiempo, aquello no era suficiente se agregaron nuevos r\u00f3tulos como mestizos, cimarrones, marginales, desclasados, informales, locos, y m\u00e1s.<\/p>\n<p>Bajo esos vaivenes la Modernidad se construy\u00f3 a s\u00ed misma como una superaci\u00f3n de la condici\u00f3n salvaje. Su prop\u00f3sito era que desaparecieran aquellos naturales o indios y s\u00f3lo ser\u00e1n aceptados los que se civilizaban o se purificaban. Sin embargo, a pesar de su supuesto triunfo, nunca super\u00f3 su miedo ante la condici\u00f3n salvaje.<\/p>\n<p>Ese temor disparaba la violencia de los colonizadores y contin\u00fao con los criollos. Proyectaban hacia afuera, sobre los ind\u00edgenas, la violencia que ellos mismos practicaban, siguiendo una cl\u00e1sica observaci\u00f3n de Michael Taussig. El recuento de las atrocidades que ocurrieron en tiempos del caucho en la regi\u00f3n de Putumayo le sirve a Taussig para mostrar que los colonizadores torturaban, despedazaban y mataban a los ind\u00edgenas porque eso era lo que hac\u00edan entre ellos (13).<\/p>\n<p>Todo eso no se trata de algo del pasado, ya que con tristeza debemos reconocer que se repite en la actualidad. En Colombia, se asesinan l\u00edderes locales, casi siempre ind\u00edgenas, campesinos o afro, para acallar sus voces o controlar sus tierras, lo que es un reflejo del barbarismo de buena parte de la sociedad en ese pa\u00eds. Los sicarios que en la amazonia brasile\u00f1a son enviados a matar, reflejan el barbarismo de polic\u00edas, militares, guerrilleros, pol\u00edticos locales, y muchos sectores e instituciones del pa\u00eds. En Chile, los carabineros arremeten contra los mapuches, llegando a asesinar a un joven por la espalda y lo encubren con fabulaciones y mentiras \u2013 el miedo hace que sean asesinos, cobardes y mentirosos (14). Todos estos hechos no son esencialmente diferentes de lo que ocurr\u00eda en el Putumayo poco m\u00e1s de un siglo atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Obediencia y educaci\u00f3n<\/p>\n<p>Cada vez que esa modernizaci\u00f3n ten\u00eda que enfrentar a los seres y mundos salvajes recurr\u00eda a una idealizaci\u00f3n de Europa. Cuando eran superados por el miedo buscaban refugio en aquel origen. Algunos ten\u00edan momentos de sinceridad que permit\u00edan conocer sus pensamientos m\u00e1s \u00edntimos, confesando que era la memoria europea la que les nutr\u00eda de la energ\u00eda para enfrentar el temor y seguir ordenando, a su manera, el desorden salvaje de las Am\u00e9ricas.<\/p>\n<p>El explorador alem\u00e1n, Carl Freidrich von Martius en el punto m\u00e1s extremo de su viaje dentro de la Amazonia brasile\u00f1a, escrib\u00eda a inicios del siglo XIX:<\/p>\n<p>\u201cProfundamente emocionado por el escalofr\u00edo de esta salvaje soledad, me sent\u00e9 para dibujarlo; pero no intentar\u00e9 describirle al lector los sentimientos que durante este trabajo conmovi\u00f3 mi alma. Este era el punto m\u00e1s occidental al que podr\u00eda llegar el viaje. Entretanto me oprim\u00edan todos los terrores de una soledad desprovista de seres humanos, sent\u00eda una nostalgia indescriptible de la compa\u00f1\u00eda de los hombres de la querida Europa civilizada. Pens\u00e9 c\u00f3mo toda la cultura y la salvaci\u00f3n de la humanidad hab\u00edan venido desde el Oriente. Dolorosamente compar\u00e9 aquellos pa\u00edses venturosos con este yermo pavoroso, pero, aun as\u00ed, me congratul\u00e9 de estar aqu\u00ed. Levant\u00e9 la mirada m\u00e1s al cielo y con coraje orient\u00e9 el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n al Oriente amigo\u201d (15).<\/p>\n<p>Es una confesi\u00f3n impactante porque, por un lado, von Martius realmente nunca estaba solo ya que viajaba acompa\u00f1ado por brasile\u00f1os que le serv\u00edan de gu\u00edas, traductores y ayudantes. A pesar de estar rodeado se sent\u00eda invadido por la soledad, y lo era por no estar junto a otros europeos, los \u00fanicos que eran realmente \u201chumanos\u201d.<\/p>\n<p>Por otro lado, una vez m\u00e1s aparece el miedo ante lo que le rodea, ya que a sus ojos de explorador la Amazonia era un desierto pavoroso, y lo reconoc\u00eda de un modo que recuerda al Dante antes de encaminarse al Purgatorio.<\/p>\n<p>Su ant\u00eddoto fue mirar al cielo en la direcci\u00f3n de Europa, confiado en que desde all\u00ed llegar\u00eda la civilizaci\u00f3n redentora. El mandato era claro y se repet\u00eda en todo el continente: se deb\u00eda educar a los salvajes, lo que implicaba imponerles otro idioma, cristianizarlos, vestirlos, y comportarse del mismo modo que sus maestros.<\/p>\n<p>En juego est\u00e1 la necesidad de asegurar la obediencia, en aquellos tiempos de los ind\u00edgenas y campesinos, pero eso mismo luego se continu\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s con obreros, empleados, y con cualquiera que debiera ser miembro de la civilidad. El prop\u00f3sito ya est\u00e1 claro en el significado de la palabra obedecer, que impone cumplir con la voluntad de un superior o un mandante; es ejecutar las \u00f3rdenes de otros, y se aplicaba tanto a humanos como a animales. Es, como explica un diccionario de 1609, el reconocimiento al mayor y superior, y cumplir con los mandamientos de la fe (16), y como agrega otro diccionario, pero en el siglo XIX, al indicar que es la imposici\u00f3n de docilidad por la cual los \u201cbrutos\u201d, uno de los sin\u00f3nimos de los salvajes, se \u201csujetan\u201d a la ense\u00f1anza o al arte(17).<\/p>\n<p>Todo eso se despleg\u00f3 no solamente por medios simples y violentos sino tambi\u00e9n por una construcci\u00f3n de la idea de normalidad que se ajustaba a aquellos modelos euroc\u00e9ntricos. Se puso en marcha un disciplinamiento que abarcaba el espacio, el cuerpo, el pensar y el sentir de las personas, tal como advierte Michael Foucault (18). La pretendida normalidad no significa uniformidad, pero s\u00ed una sobredeterminaci\u00f3n de los modos por los cuales se producen los discursos y pr\u00e1cticas que resultan en aceptar esas condicionantes. De ese modo pueden coexistir diversas singularizaciones de las personas o grupos, pero todos deben acatar los l\u00edmites propios de la modernidad ya que, siguiendo el razonamiento de von Martius, s\u00f3lo as\u00ed ser\u00edan humanos.<\/p>\n<p>Esa tensi\u00f3n fue muy evidente sobre todo para los pueblos ind\u00edgenas forz\u00e1ndolos a ser cada vez menos salvajes para ser m\u00e1s civilizados. Era la \u00fanica v\u00eda para ser reconocidos como \u201cseres racionales y dignos de disfrutar de la condici\u00f3n humana\u201d, claro que ello es seg\u00fan las escalas occidentales. Quedaban atrapados en una terrible imposici\u00f3n, nos aclara la boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, debiendo \u201cnegarse a s\u00ed mismos y aprender los modos de ser y de pensar de la minor\u00eda dominante\u201d para no ser marginados y excluidos (19).<\/p>\n<p>Esos mecanismos no s\u00f3lo no han desaparecido en la actualidad, sino que se ampliaron a las instituciones de ense\u00f1anza, la intelectualidad acad\u00e9mica y los medios de comunicaci\u00f3n. En esos y otros \u00e1mbitos han jugado roles decisivos en delimitar a lo normal como contracara de una anormalidad que es inaceptable, y en la que justamente residen los salvajes.<\/p>\n<p>En tanto obedecer es cumplir con la voluntad de otro, inmediatamente se establece una jerarqu\u00eda, donde encaje perfectamente aquellos prop\u00f3sitos de la imposici\u00f3n de los varones sobre mujeres, padres sobre hijos, maestros sobre alumnos, colonizadores sobre colonizados, y de los humanos sobre la Naturaleza.<\/p>\n<p>Orden y progreso<\/p>\n<p>En el siglo XIX los mecanismos de control se reforzaron todav\u00eda m\u00e1s bajo el llamado al progreso. Se volvi\u00f3 en el ant\u00eddoto para superar lo que se describ\u00eda como sociedades retrasadas, inmaduras, fr\u00e1giles o salvajes. As\u00ed como en M\u00e9xico, Jos\u00e9 Mar\u00eda Luis Mora reclamaba pasar del retroceso al progreso, del otro lado del ecuador, en Argentina, Domingo Faustino Sarmiento exig\u00eda abandonar una condici\u00f3n que calificaba como b\u00e1rbara por ser americana y casi ind\u00edgena, para reemplazarla por europeos para ser civilizados (21).<\/p>\n<p>El salvaje segu\u00eda siendo el ind\u00edgena, pero ahora se sumaba el criollo o cholo, o a las razas, o incluso las clases, ya que todas expresar\u00edan un atraso que se quer\u00eda superar.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, las movilizaciones de cualquier de esos distintos tipos de salvajes, como horda, manada, mal\u00f3n, o multitud, alimentaba todav\u00eda m\u00e1s los temores que obligaban a controlarlos. Fue en ese contexto que cristaliz\u00f3 el capitalismo en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>Pero en esta situaci\u00f3n, aquellos que se proclamaban como superiores a los salvajes al mismo tiempo se confesaban incapaces de sacar a sus pa\u00edses del supuesto atraso, y sumisamente admit\u00edan que necesitaba de maestros europeos, especialmente franceses e ingleses. El patriciado y la oligarqu\u00eda latinoamericana que en aquellos a\u00f1os se declaraba superior, a la vez constru\u00edan su propia subordinaci\u00f3n a Europa.<\/p>\n<p>De ese modo, el imaginario del progreso en nuestro continente estuvo anclado en sentir una inferioridad propia. En esas ideas descansan los llamados a una recolonizaci\u00f3n, como sosten\u00edan de distinto modo los argentinos Juan B. Alberdi y Domingo F. Sarmiento. Europa era el modelo a seguir en aquel tiempo, y m\u00e1s tarde ser\u00eda reemplazado por Estados Unidos.<\/p>\n<p>Esa recolonizaci\u00f3n tambi\u00e9n era espacial y ecol\u00f3gica, para ordenar y transformar paisajes que segu\u00edan siendo considerados como salvajes. No se abandon\u00f3 la avaricia por el oro y la plata, solo que se sumaron otros minerales, y enseguida la conquista por la tierra para la explotaci\u00f3n agropecuaria. Ca\u00f1a de az\u00facar, tabaco, cacao, cueros y tasajo, caucho y banano, se sumaron r\u00e1pidamente. Los sitios que no pod\u00edan ser manejados, por la incapacidad colonial de entender otras ecolog\u00edas, eran calificados como desiertos, como ocurri\u00f3 con la Pampa, el Chaco o la Patagonia, a pesar de estar repletos de vida.<\/p>\n<p>No puede sorprender que, en aquel contexto, en el siglo XIX, el positivismo de A. Comte se difundiera en todo el continente, reclamando progreso, orden y obediencia. Uno de sus mayores \u00e9xitos se logr\u00f3 en Brasil tal como se expresa en la bandera dise\u00f1ada en 1889, bajo el impulso de la autodenominada \u201cIglesia Positivista\u201d y el apoyo de la Escuela Militar de Rio de Janeiro. \u201cOrden y Progreso\u201d se lee en ella, un mandato que deriva directamente de la sentencia de Comte \u00abEl amor por principio, el orden por base, el progreso por fin\u00bb. Compromisos de ese tipo tambi\u00e9n fueron abrazados en el largo gobierno de Porfirio D\u00edaz en M\u00e9xico o en las presidencias de Rafael N\u00fa\u00f1ez en Colombia (22).<\/p>\n<p>Pero por detr\u00e1s de esas ideas persist\u00eda el temor al salvaje. Por ejemplo, Rafael Uribe Uribe, un pol\u00edtico colombiano liberal que en su momento se opuso al conservador Rafael N\u00fa\u00f1ez, advert\u00eda en 1929 que casi todo el territorio del pa\u00eds estaba en \u201cpoder del salvaje\u201d, por lo que no pod\u00edan asentarse las familias colombianas o extranjeras sin exponerse a sus ataques. Conclu\u00eda que si no eran \u201camansados\u201d no tardar\u00eda el d\u00eda que se deber\u00e1 \u201cderramar su sangre y la nuestra para contenerlos\u201d (23). De uno y otro modo, todas esas generaciones y en todos los pa\u00edses, se sent\u00edan como \u201ceuropeos exilados\u201d en estas \u201csalvajes pampas\u201d, como dec\u00eda Jos\u00e9 Luis de Imaz en la d\u00e9cada de 1960 (24).<\/p>\n<p>Bajo esas condiciones, ideas como las del progreso expresaban el avance de una civilidad y una raz\u00f3n que, como advert\u00edan ya en el siglo XX, Horkheimer y Adorno, ten\u00edan el objetivo de \u201cliberar a los hombres del miedo y construirlos en se\u00f1ores\u201d (25). La invocaci\u00f3n del progreso primero, y la del desarrollo m\u00e1s recientemente, se volvieron una huida hacia adelante para dejar atr\u00e1s el temor y renovar las formas de dominaci\u00f3n. Junto a otras concepciones y sensibilidades cristalizaron en la Modernidad. En esos cimientos se encuentran la disociaci\u00f3n de la sociedad de la Naturaleza, el antropocentrismo en entender y asignar valores, epistemolog\u00edas de talantes cartesianos, el convencimiento de la linealidad en una historia que a su vez era la historia occidental, o el eurocentrismo en concebir a la pol\u00edtica o la justicia.<\/p>\n<p>Sin embargo, el miedo nunca desapareci\u00f3 porque siempre hab\u00eda un salvaje m\u00e1s a controlar. Desde que se iz\u00f3 la bandera del orden y el progreso a fines del siglo XIX en Rio de Janeiro, a las celebraciones del presidente Jair Bolsonaro, en la Brasilia del siglo XXI, lo que se ha visto es c\u00f3mo la idea de progreso fue reemplazada por la de desarrollo, travistiendo la ambici\u00f3n filos\u00f3fica por formulaciones econ\u00f3micas, mientras se endureci\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s el disciplinamiento. Los maestros franceses y alemanes del siglo XIX fueron reemplazados en el siglo siguiente por manuales y consultores enviados desde Washington. La obsesi\u00f3n con el crecimiento econ\u00f3mico no se abandon\u00f3 en todo lo ancho del espectro pol\u00edtico, ya que la irrupci\u00f3n de la nueva izquierda, a inicios del siglo XXI, termin\u00f3 en un progresismo que no ocultaba que Jos\u00e9 \u201cPepe\u201d Mujica tomara mate con David Rockefeller o Evo Morales disertara para el peri\u00f3dico empresarial Financial Times. La obsesi\u00f3n con el progreso hac\u00eda que se subordinaran al capital.<\/p>\n<p>Aquellos temores fundacionales se continuaron embebidos en los actuales. Los siglos han pasado, \u201c\u00bfcu\u00e1nto? \u00bfdos siglos?\u201d, interconectados por una \u201csensaci\u00f3n indestructible de la angustia\u201d, como cuenta Diamela Eltit en su narraci\u00f3n de una hija que en un hospital cuida a su madre, la que se transfigura en el pa\u00eds o naci\u00f3n chilena. Una madre-patria que est\u00e1 rota, operada y sangra (26). El miedo al que me refiero es an\u00e1logo a esa imagen, ya que est\u00e1 siempre all\u00ed, desde el inicio de la colonia, muchas veces disimulado, no siempre evidente, pero permanente.<\/p>\n<p>La antropofagia del civilizado<\/p>\n<p>Ante esos avances de la Modernidad no faltaron los que propusieron una antropofagia por la cual los primitivos, sean amerindios como africanos, deglutieran a los modernos. \u201cS\u00f3lo la antropofagia nos une\u201d dir\u00e1 Oswald de Andrade, apelando a la imagen de aquellos salvajes que al ser can\u00edbales aterrorizaban a los primeros colonizadores (27). Pero en ese intento se contrapone al indio como natural, contra humanos que ser\u00edan civilizados, entremezclando un mundo colonial con una modernizaci\u00f3n que estima como positiva. Apunta a una s\u00edntesis que ser\u00eda matriarcal pero tecnol\u00f3gica, sin clases, pero enfocada en el progreso, y por ello no logra romper el cerco de la Modernidad (28). El punto de partida de Andrade, en el siglo XVI, donde supuestamente los indios devoran al primer obispo portugu\u00e9s, termina en el siglo XX en un brasile\u00f1o modernizado que a su manera tambi\u00e9n es un creyente en el progreso.<\/p>\n<p>Pero de Andrade expresa una intencionalidad que debe ser valorada, ya que el prop\u00f3sito de ser antrop\u00f3fago es un acto contundente de desobediencia ante los mandatos de la Modernidad. Los modernos no pueden ser can\u00edbales porque son civilizados, y si lo hicieran, inmediatamente caer\u00edan en el espacio de la anormalidad que debe ser castigada.<\/p>\n<p>Sin embargo, la construcci\u00f3n de la Modernidad discurri\u00f3 de alg\u00fan modo en un canibalismo inverso. Es que, aunque desde un comienzo, los europeos y criollos deseaban las riquezas en recursos naturales y territorios de los ind\u00edgenas, \u201clos indios no desearon jam\u00e1s el esp\u00edritu de los blancos\u201d, y s\u00f3lo \u201cse sometieron cuando los blancos los obligaron a creer que deseaban el esp\u00edritu de los blancos\u201d, tal como sentenciaba tiempo atr\u00e1s el argentino David Vi\u00f1as (29).<\/p>\n<p>Los modernos que est\u00e1n en la c\u00faspide del poder, como los pol\u00edticos, empresarios, e incluso acad\u00e9micos, est\u00e1 tan compenetrados en dominar y controlar que no dudan en travestirse de tanto en tanto como ind\u00edgenas. No tienen verg\u00fcenza en ritualizar la est\u00e9tica de aquellos, sabiendo que gozan de impunidad, y que al hacerlo refuerzan el disciplinamiento sobre otros. Se adornan como si fueran indios, como si eso bastara para entender sus demandas y respetar sus identidades. Pero ni siquiera esas actuaciones, como si se ingirieran partes de distintas culturas, logra solucionar los problemas. Nada de eso resuelve el miedo primigenio de los modernos, ya que cada vez que el temor se presenta ser\u00e1 necesaria una a nueva antropofagia.<\/p>\n<p>Una modernidad permanentemente inacabada<\/p>\n<p>Estamos ante una generalizada adhesi\u00f3n a la \u201csant\u00edsima trinidad\u201d de la Modernidad, con el Estado como el padre, el mercado como el hijo, y la raz\u00f3n como esp\u00edritu santo, seg\u00fan recuerda Eduardo Viveiros de Castro (30). Es un acto de fe para calmar el miedo fundacional. Ha sido tan efectivo que sin dejar de reconocer algunas crisis que ocurren en su seno, prevalece el convencimiento de que todos los problemas se solucionar\u00e1n siendo m\u00e1s modernos.<\/p>\n<p>Termina acept\u00e1ndose a la Modernidad como un proyecto inacabado, tal como apuntaba J\u00fcrgen Habermas, para que de ese modo muchos se entretengan buscando una nueva versi\u00f3n que resolver\u00eda los problemas actuales (31). Esas buenas intenciones se repiten permanentemente en Am\u00e9rica Latina, muchas veces formuladas como planes multiculturales e incluso interculturales, que apuestan por una nueva Modernidad que respetar\u00e1 y reelaborara los saberes e identidades ind\u00edgenas, algo as\u00ed como andinos que repiensan al Plat\u00f3n hel\u00e9nico como c\u00e1ndidamente celebra Fernando Calder\u00f3n para Bolivia (32).<\/p>\n<p>Ante advertencias de este tipo, hay muchos que reaccionan insistiendo en que se basan en visiones simplistas y monol\u00edticas, casi caricaturescas, de la Modernidad.<\/p>\n<p>La respuesta es que la Modernidad es plural; a su interior es heterog\u00e9nea, tanto en sus concepciones y sus sensibilidades, como en los modos en que se entremezclan con las historias locales y regionales.<\/p>\n<p>Pero toda esa diversidad mantiene saberes y sensibilidades comunes, compartidas por las grandes corrientes liberales, conservadoras y socialistas, que sirven como cimientos sobre los que descansa esa heterogeneidad.<\/p>\n<p>Se toleran discusiones, disputas que pueden ser muy intensas o incluso revoluciones, pero no se pone en discusi\u00f3n esa esencia en los modos de pensar y sentir. Se puede discutir c\u00f3mo progresar, pero no se acepta abandonar esa idea; es posible debatir sobre la gesti\u00f3n de la Naturaleza, pero la dualidad que la separa de la sociedad no est\u00e1 en duda.<\/p>\n<p>Somos subdesarrollados porque queremos ser desarrollados a imagen de ellos. Entonces no puede sorprender escuchar a los que sostienen que las cr\u00edticas deben apuntar al capitalismo y no a la Modernidad, asumiendo que habr\u00eda una Modernidad no-capitalista que ser\u00eda beneficiosa y positiva.<\/p>\n<p>Seguir ese camino implica que otra vez se intente transitar de una variedad a otra de la Modernidad, convirti\u00e9ndose en una alternativa que refuerza aquellos cimientos porque no puede llegar a cuestionarlos.<\/p>\n<p>Es de ese modo que continuamente son reproducidos disciplinamientos que determinan lo aceptable e inaceptable, lo cuestionable e incuestionales, lo sensible y lo insensible (33).<\/p>\n<p>Esto es muy claro en Am\u00e9rica Latina porque estamos rodeados de ejemplos de esos vaivenes dentro de la Modernidad. Hemos presenciado fren\u00e9ticas defensas y ataques entre distintos tipos de desarrollo, pero todos ellos desarrollos al fin, ensimismados en la modernizaci\u00f3n y el crecimiento. Hemos escuchado proclamaciones partidarias por derecha y por izquierda, viejos conservadores contra socialistas del siglo XXI, y as\u00ed sucesivamente, aunque todos terminan encerrados en los mismos preceptos de la pol\u00edtica moderna.<\/p>\n<p>Se ha subestimado que la Modernidad alimenta su vigor al permitir esa diversidad, y si bien se sacude con episodios de cr\u00edtica y locura, no todos son tolerables. El disciplinamiento determina qu\u00e9 se puede discutir y qu\u00e9 no, cu\u00e1les cambios son imaginables y cuales inconcebibles. No necesariamente proh\u00edbe algunas alternativas, sino que las ha hecho impensables. Esto tampoco resulta de una simple imposici\u00f3n del norte, especialmente europeo, sobre un sur, sino que unos y otros participaron a su modo. La subordinaci\u00f3n se forj\u00f3, como se indic\u00f3 arriba, porque muchos aqu\u00ed en el sur buscaban y deseaban el magisterio que ven\u00eda desde el norte, y entre todos organizaron este entremado.<\/p>\n<p>Pero ya no hay m\u00e1s tiempo para seguir intentando rescatar a la Modernidad. Se han aplicado todo tipo de reformas, ajustes, modificaciones y hasta revoluciones en su seno, pero ninguna de ellas ha alterado esas esencias. Casi todos siguen convencidos que la Naturaleza est\u00e1 separada de los humanos, que el logos cartesiano brindar\u00e1 soluciones cient\u00edfico-tecnol\u00f3gicas, y que debemos marchar hacia el progreso.<\/p>\n<p>Sin embargo, los impactos sociales y ambientales se siguen acumulando a un ritmo cada vez m\u00e1s veloz, y los intentos de reparaci\u00f3n no logran resolverlos.<\/p>\n<p>Quienes se consideran civilizados y observan con desprecio a aquellos que tildan como salvajes, terminan aceptando la desigualdad, la pobreza y la violencia. Repiten los mismos esfuerzos para resolver los problemas sin asumir su repetido fracaso. No es posible seguir con esos intentos, porque se han sumado nuevas crisis, de una gravedad inusitada y en una escala planetaria. Estamos sufriendo una debacle ecol\u00f3gica que pone en riesgo a toda la vida en el planeta, y la Modernidad es incapaz de resolverla precisamente porque es su causa.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n, la sensibilidad y el pensar moderno reviste una petulancia total al concebirse como universal y \u00fanico, sin l\u00edmites, y por lo tanto sin alternativas m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9ste. Como s\u00f3lo se conciben y comprenden disputas a su interior no se sue\u00f1a con una escapatoria. Los tr\u00e1nsitos entre distintas modernidades alimentan la ilusi\u00f3n de cambios que en realidad son siempre regresos. Y en esos retornos siempre est\u00e1 presente aquel miedo b\u00e1sico.<\/p>\n<p>Tal vez, como hace decir Diamela Eltit a esa hija que es todas las hijas de una madre patria, ya es tarde para curar esa angustia de siglos porque est\u00e1 \u201cen marcha un operativo para decretar la demolici\u00f3n y la expatriaci\u00f3n\u201d de todos los cuerpos.<\/p>\n<p>En las minas, donde los \u201chuesos cupr\u00edferos ser\u00e1n demolidos en la infernal m\u00e1quina chancadora\u201d, el \u201cpolvo cobre del \u00faltimo estadio de nuestros huesos terminar\u00e1 fertilizando el subsuelo de un remoto cementerio chino\u201d (34).<\/p>\n<p>Esos operativos de demolici\u00f3n de personas, culturas y ecolog\u00edas resultan de la capacidad de la Modernidad en extender y reforzar continuamente el control y la dominaci\u00f3n para asegurar el orden normalizado. Si algunos dudaban de ello, la pandemia de 2020 por el coronavirus lo ha dejado en claro, y, adem\u00e1s, el miedo volvi\u00f3 a la superficie. La gente teme por su salud, por su trabajo, sus ingresos econ\u00f3micos, por la suerte de sus familiares y amigos. El enemigo a dominar es un virus incontrolable, indomable y peligroso.<\/p>\n<p>Se redobl\u00f3 el disciplinamiento y la dominaci\u00f3n, con toda una proliferaci\u00f3n de controles sociales como toques de queda, clausura de barrios o ciudades, cuarentenas vigiladas por polic\u00edas y militares, o limitar la movilizaci\u00f3n ciudadana. Esas acciones se sumaron a otras que ya estaban entre nosotros, como las c\u00e1maras de vigilancia en las calles, o los algoritmos que hurgan en nuestro uso de internet, espiando los chismes y fotos que compartimos en las redes sociales. La irrupci\u00f3n del Covid19 ha hecho que distintos sectores ciudadanos no s\u00f3lo acepten esa vigilancia, sino que reclaman reforzarla; quieren ser obedientes para dormir en calma.<\/p>\n<p>Ladridos salvajes en los s\u00f3tanos<\/p>\n<p>Hemos llegada a la situaci\u00f3n donde el prop\u00f3sito de sobrevivir a la Modernidad exige abandonarla. Ante esa misi\u00f3n, tal vez Nietzche tuviese raz\u00f3n al decir que aquellos que desearan volverse sabios, en primer lugar, deber\u00edan escuchar a los perros salvajes que ladran en sus s\u00f3tanos (35).<\/p>\n<p>Desafiaba a entender a un animal y no a otras personas; eran perros, no aquellos domesticados que juegan en el jard\u00edn o dentro del hogar, sino los que son tan salvajes que est\u00e1n recluidos en la penumbra del s\u00f3tano. All\u00ed todav\u00eda est\u00e1n los restos de la condici\u00f3n salvaje que la Modernidad debe mantener aprisionada, y que cuando alguno se libera, r\u00e1pidamente lo persigue y captura, festejan el \u00e9xito de volver a recluirlo (36).<\/p>\n<p>Si actualmente se banaliza lo salvaje como un perfume o se lo arrincona en las cr\u00f3nicas rojas de los informativos televisivos, su liberaci\u00f3n posiblemente tendr\u00e1 pocos apoyos. Tampoco ser\u00e1 posible mientras siga operando esa obediencia esencial que una y otra vez es alimentada por el miedo.<\/p>\n<p>Pero la escucha de esos ladridos, el empuje de lo que ocultamos en nuestros s\u00f3tanos, es indispensable para pensar e imaginar alternativas, para sentir de otras maneras, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del orden y el progreso.<\/p>\n<p>Es una desobediencia radical que tiene que remontar barreras muy vigorosas, como la constituida por la mutua vinculaci\u00f3n entre miedo y dominaci\u00f3n. Si se puede quebrar el temor fundacional se dejar\u00e1 de alimentar la pulsi\u00f3n de dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ind\u00edgenas y salvajes<\/p>\n<p>Como la Modernidad es heterog\u00e9nea, no puede sorprender que albergara m\u00faltiples cr\u00edticos a esa condici\u00f3n, y que algunos de ellos tuvieran la agudeza de llegar hasta sus l\u00edmites. Los Horkheimer y Adorno en el norte, los Dussel en el sur, juegan papeles clave en deconstruir el mundo moderno alentando a imaginar otros futuros.<\/p>\n<p>Pero sin dejar de reconocer esos aportes, la desobediencia radical es imposible sin los aportes y la participaci\u00f3n de ese conjunto que llamamos ind\u00edgenas. Pero no deber\u00eda caerse en simplificaciones, ya que el salvaje del siglo XXI no puede ser confundido con un ind\u00edgena idealizado, resucitado desde el pasado, lo que es obviamente imposible, ni con la intenci\u00f3n de crear un nuevo \u201cindio\u201d, lo que es tonto y tambi\u00e9n irrespetuoso.<\/p>\n<p>Ind\u00edgena sigue siendo una etiqueta colonial aplicada a una enorme diversidad de pueblos y culturas que quedaban de ese modo homogeneizados. Es una designaci\u00f3n que sirvi\u00f3 para la dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda, incluso all\u00ed donde en la superficie se intentan aplicar respetuosos planes multiculturales, de todos modos, son los modernos quienes deciden cu\u00e1les atributos de los mundos ind\u00edgenas son positivos y merecer\u00edan sumarse a la reconstrucci\u00f3n de la Modernidad.<\/p>\n<p>A su vez, casi todos esos pueblos han sido afectados de distintas maneras por la Modernidad, y eso explica que existan m\u00faltiples situaciones, desde quienes defienden haber sido civilizados y modernizados, deseosos de participar del crecimiento econ\u00f3mico, a los que a\u00fan dentro de esa civilidad, se resisten, a veces calladamente, otras veces activamente.<\/p>\n<p>Pero aun reconociendo todas esas condiciones, al interior de esos mundos persisten ideas, actitudes, saberes y afectividades que est\u00e1n en los bordes de la Modernidad, muestran sus l\u00edmites, e incluso se ubican m\u00e1s all\u00e1 de ellas. Muchos siguen siendo desobedientes, y es por eso que son salvajes.<\/p>\n<p>Recordemos que lo que era visto por los colonizadores como salvajismo respond\u00eda a esa desobediencia. Los jesuitas que en el siglo XVII celebraban el \u201camansamiento\u201d de muchos guaran\u00edes, a la vez criticaban a los ach\u00e9s o guayaqu\u00eds como salvajes por vivir en \u201cabsoluta libertad\u201d, y por ello les tem\u00edan al verlos como indolentes e irracionales.<\/p>\n<p>La vieja pregunta de algunos colonizadores sobre si los salvajes ten\u00edan alma, para esos jesuitas fue desplazada por la interrogante sobre si pod\u00edan usar la raz\u00f3n (37). Los salvajes \u201cno adoran nada, al fin de cuentas, porque no obedecen a nadie\u201d, tal como advierte Viveiros de Castro (38). Es precisamente ese tipo de desobediencia radical, que no est\u00e1 atada a las normas y creencias, o por lo menos a aquellas que son propias de la Modernidad, la que necesitamos en la actualidad.<\/p>\n<p>En efecto, sin esos aportes dif\u00edcilmente se podr\u00e1n construir alternativas m\u00e1s all\u00e1 de la Modernidad. Los intentos desde las cosmovisiones occidentales sin duda pueden ser muy importantes, pero no lograr\u00e1n romper por s\u00ed solos los acuerdos sobre la normalidad moderna.<\/p>\n<p>Necesitamos ayuda que provenga y se inspire en esos mundos ind\u00edgenas, sean de quienes resisten como de quienes recuerdan. A su vez, en las condiciones actuales de los pueblos ind\u00edgenas, sus alternativas requerir\u00e1n el aporte de la cr\u00edtica que hacen los modernos desconformes y desobedientes.<\/p>\n<p>Esa mutua necesidad permite advertir sobre otra simplificaci\u00f3n: no es posible que todos nos convirtamos en ind\u00edgenas, ni tampoco se pueden clonar las identidades, culturas o historias. Pero cualquiera de nosotros puede volverse un salvaje.<\/p>\n<p>Podemos ser salvajes<\/p>\n<p>En efecto, no todos podemos ser ind\u00edgenas, pero es posible plantarnos como salvajes. Cualquiera puede intentarlo, ya que no depende del color de la piel, el origen del nombre y del apellido, el lugar de nacimiento o la cultura aprendida desde la familia y la escuela. Lo que se requiere es una desobediencia radical a la normalidad de la Modernidad.<\/p>\n<p>Esa desobediencia es radical en el sentido que debe dejar atr\u00e1s tanto el miedo como la dominaci\u00f3n, dos condiciones que est\u00e1n profundamente arraigadas. Es una condici\u00f3n tan antigua que en el origen de la palabra obedecer est\u00e1 la sumisi\u00f3n del esclavo al amo, una obediencia que respond\u00eda al miedo que \u00e9ste le ten\u00eda.<\/p>\n<p>Si todos los que adhieren a los magisterios de la \u201csant\u00edsima trinidad\u201d moderna, piensan y sienten en \u201cmod\u00e9rnico\u201d, los que se vuelven salvajes comienzan a pensar, sentir y expresarse en otros lenguajes.<\/p>\n<p>Por lo tanto, su radicalidad est\u00e1 en que rompe con las ra\u00edces compartidas por la Modernidad. Lo es no solamente en un sentido epist\u00e9mico, sino incluso ontol\u00f3gico. Esto la hace muy distinta a la desobediencia del delincuente que quebranta una ley, la del objetor de conciencia, e incluso de los que corrientemente se concibe como desobediencia civil.<\/p>\n<p>Lo es porque \u00e9stas siguen estando enmarcadas dentro de la Modernidad, mientras que la desobediencia salvaje se siente libre para poner en entredicho todos esos conceptos, tanto en quienes los acatan como en sus infractores. Eso no impide que la desobediencia salvaje pueda servirse, por ejemplo, de la desobediencia civil en algunas circunstancias. Pero no es s\u00f3lo eso, es mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>La desobediencia radical, pongamos por caso, no acepta las formas modernas de entender y asignar valores, pone en entredicho incluso qu\u00e9 es un valor, y de all\u00ed puede repensar las distinciones entre lo correcto e incorrecto, lo justo o lo injusto. No acepta el canon de una historia \u00fanica, universal, que nos predestina a seguir progresando, y en cambio se admira ante multiplicidad de historias locales y regionales. Es una desobediencia socioambiental porque tampoco cree en la dualidad que separa la Naturaleza de la sociedad.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n salvaje no se refiere a personas o actores sociales, no debe pensarse en un rebelde en la ciudad o un ind\u00edgena en la sierra. Es un modo de pensar y sentir que desaf\u00eda la normalidad, es una actitud, es una praxis. No es posible ser salvaje en forma aislada, no es una reflexi\u00f3n personal ni una desconexi\u00f3n individual. La desobediencia s\u00f3lo se puede constituir en colectivos, siempre es una pluralidad. En las movilizaciones o pr\u00e1cticas colectivas es cuando se ejerce estas desobediencias.<\/p>\n<p>Del mismo modo, los salvajes construyen su propia espacialidad, creando espacios desobedientes que no siguen los \u00f3rdenes de la modernidad, habitados tanto por humanos como por otros existentes. As\u00ed como en el pasado los salvajes ocupaban las selvas, los nuevos salvajes deben crear sus nuevas \u201cselvas\u201d contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>Nada de esto es sencillo, y aun reconociendo las dificultades, a pesar de todas las trabas y condicionantes, de todos modos, estamos rodeados de intentos salvajes, manifestaciones de desobediencia radical que a su vez generan espacios aut\u00f3nomos ante la dominaci\u00f3n. Est\u00e1n, por ejemplo, en una comunidad vecinal en un barrio, en una iniciativa colectiva rural enfocada en la agroecolog\u00eda, en pr\u00e1cticas art\u00edsticas de cualquier tipo, en otras religiosidades y, porque no, tambi\u00e9n en la magia. No solamente son reacciones a escala local, sino que pueden generalizarse, y un ejemplo reciente y contundente ha sido el estallido social que ocurri\u00f3 en Chile en octubre de 2019.<\/p>\n<p>A lo largo de las siguientes semanas se encadenaron rebeliones y desobediencias, sumando a todo tipo de actores ciudadanos. As\u00ed como Albert Camus dec\u00eda que en la rebeli\u00f3n nace la conciencia, podr\u00eda sostenerse que en estallidos como el chileno alumbraron el retorno de los salvajes.<\/p>\n<p>Ciertamente no todos los que estaban en las calles eran nuevos salvajes, pero algunos s\u00ed, y entre los que no lo eran hab\u00eda varios que comenzaban a dudar del orden y el progreso. La desobediencia a la que aqu\u00ed se alude no estaba en tirar piedras o en incendiar comercios, sin que se refiere a su sentido m\u00e1s profundo donde todo pod\u00eda ser discutido, todo pod\u00eda ocurrir en las calles, y cualquiera pod\u00eda hacerlo a su modo.<\/p>\n<p>Mucha gente mostraba que hab\u00eda dejado de creer en la normalidad chilena y su \u00e9xito econ\u00f3mico, tal como se les hab\u00eda machacado por d\u00e9cadas. Se abrieron espacios de reconocimiento y debate sobre la situaci\u00f3n de los pueblos ind\u00edgenas, en un pa\u00eds donde se los hab\u00eda marginado y ocultado desde tiempos coloniales. Hab\u00eda tantos salvajes desobedientes en las calles que desde la derecha pol\u00edtica chilena no dejaban de denunciarlos exigiendo repetidamente la imposici\u00f3n de m\u00e1s orden y m\u00e1s castigos. Esa movilizaci\u00f3n carec\u00eda de l\u00edderes visibles, y en ello se desvaneci\u00f3 el v\u00ednculo entre el mandante y el obediente que es t\u00edpica en el disciplinamiento moderno. El miedo qued\u00f3 atr\u00e1s.<\/p>\n<p>No es posible predecir el devenir futuro del estallido social chileno, y es necesario tener precauci\u00f3n porque en el pasado, otras desobediencias ciudadanas fueron disciplinadas con el paso de los meses, y finalmente engullidas otra vez por la Modernidad. Est\u00e1n all\u00ed los casos del \u201cque se vayan todos\u201d en Argentina en 2001, diferentes sublevaciones ind\u00edgenas y populares, como la \u201cguerra del gas\u201d de 2003 en Bolivia, y antes, por ejemplo, las distintas versiones del \u201cmayo franc\u00e9s\u201d en 1968.<\/p>\n<p>Otros, en cambio, siguen resistiendo, como parece ocurrir con el zapatismo mexicano. M\u00e1s all\u00e1 de esto, el caso chileno como aquellos otros, son v\u00e1lidos para dejar en claro que existen esas posibilidades y que ellas ocurren continuamente, y que no son simplemente peque\u00f1as manifestaciones locales, sino que pueden desencadenar cataclismos pol\u00edticos y sociales.<\/p>\n<p>Esos y otros casos muestran que la desobediencia salvaje puede perforar las im\u00e1genes y los significados de la Modernidad. Recordando a Taussig, una vez m\u00e1s, el salvajismo \u201cdesaf\u00eda la unidad del s\u00edmbolo, la totalizaci\u00f3n trascendente que ata la imagen a lo que representa\u00bb, es la \u201cmuerte de la significaci\u00f3n\u00bb (39).<\/p>\n<p>Debe serlo adem\u00e1s en ese sentido radical de acabar con la inevitable necesidad que tiene el orden moderno de crear nuevos salvajes para inmediatamente disciplinarlos, legitimando su dominaci\u00f3n y control. Es, entonces, un salvajismo que nos puede liberar de las oposiciones entre caos y orden, inculto y culto, incivilizado y civilizado.<\/p>\n<p>Desobedientes para sobrevivir, salvajes para desobedecer<\/p>\n<p>Al iniciarse la segunda d\u00e9cada del siglo XXI, enfrentamos m\u00faltiples crisis en los m\u00e1s diversos frentes. La b\u00fasqueda de alternativas no es un lujo ni una man\u00eda de acad\u00e9micos o inconformistas, sino que deber\u00eda ser la tarea m\u00e1s urgente a enfrentar por nuestras sociedades. Los m\u00e1s severos problemas sociales no se han solucionado, y sobre ellos se agrega una debacle ecol\u00f3gica que pone en riesgo a la vida misma en un futuro inmediato. Todas las soluciones modernas que se han intentado han fracasado, y por esa raz\u00f3n no hay otra opci\u00f3n que buscar cambios m\u00e1s all\u00e1 de ella.<\/p>\n<p>Esos pasos s\u00f3lo son posibles si se logra superar el miedo fundacional que alimenta el disciplinamiento. Se ha dicho muchas veces que la condici\u00f3n colonial se caracteriz\u00f3 sobre todo por la dominaci\u00f3n, con lo cual no siempre se asume que \u00e9sta deriva directamente del temor \u2013son inseparables.<\/p>\n<p>Desde el inicio colonial se ha sucedido el miedo a la selva, a la inmensidad, al desierto y a las monta\u00f1as. El miedo al indio, al negro, al mestizo, al cholo. El miedo al pirata, al invasor, al extranjero. El miedo al campesino, al pobre y al enfermo. El miedo al guerrillero, al soldado, al polic\u00eda, al ladr\u00f3n y al narco. El miedo al patr\u00f3n, al pol\u00edtico o al empresario. El miedo al desempleo, la lluvia, el hambre o la enfermedad. El miedo al d\u00eda de ma\u00f1ana. El miedo al miedo. Son estos temores y pavores los que alimentan la dominaci\u00f3n y el disciplinamiento. Pensar, imaginar y desear otros futuros s\u00f3lo es posible si los dejan atr\u00e1s.<\/p>\n<p>As\u00ed se vuelve posible desobedecer las reglas y normas que imponen la normalidad y el orden que hacen a la esencia de la Modernidad. Es dejar de asumirlas como mandatos inescapables. Es imaginar que pueden existir otras normas, otros \u00f3rdenes; es poder tener la oportunidad de escoger.\u00a0 Esa es la postura que corresponde a lo que inicialmente se denominaba como salvaje. Dici\u00e9ndolo de otro modo: debemos ser salvajes para poder construir alternativas.<\/p>\n<p>Esta condici\u00f3n salvaje no se refiere a una desobediencia en sus sentidos banales, sino que anida en aquellos s\u00f3tanos y cimientos. Son actos de ruptura radical con las ra\u00edces afectivas y racionales que sostienen en pie a la Modernidad, es recuperar la capacidad para encontrar sus l\u00edmites, y asumir que pueden ser cruzados. Es recuperar la posibilidad de imaginar y pensar lo inimaginable, lo inconcebible, lo prohibido.<\/p>\n<p>Es desobedecer para no aceptar que la Naturaleza y la sociedad est\u00e1n separadas, para no obsesionarnos con el crecimiento y la posesi\u00f3n. Desobedecer para no estar obligado a ser capitalistas o socialistas. Desobedecer para dejar de desear el esp\u00edritu de los \u201cblancos\u201d y respetar a los ind\u00edgenas. Desobedecer para no repetir una historia que creemos universal. Desobedecer para comenzar a escuchar a la Naturaleza. Desobedecer para acompasarnos a tiempos lentos, pausados, ecol\u00f3gicos. Desobedecer para reconocer que hay valores en otros seres y objetos. Desobedecer para no tener m\u00e1s miedo. Desobedecer para volver a ser salvajes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Enlace para que lean las notas inscritas en la lectura donde hay otros enlaces o t\u00edtulos de libros y art\u00edculos de donde se extrajo y se hizo el contenido del manifiesto*<\/p>\n<p>https:\/\/argentina . indymedia . org\/2020\/12\/16\/manifiesto-salvaje-dominacion-miedo-y-desobediencia-radical\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*Aunque tiene un tinte de ecolog\u00eda social el cual no compartimos todo su discurso por ser (para nuestro entendimiento) Reformista de toda esta red de dominaci\u00f3n que no solo empieza con el colonialismo, sino que desde los inicios de la &hellip; <a href=\"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/?p=512\">Continue reading <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":14806,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-512","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/512","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/14806"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=512"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/512\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":513,"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/512\/revisions\/513"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=512"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=512"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/orange2sky.noblogs.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=512"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}