Al igual que el liberal apela a la palabra libertad (antojadizamente claro está) para no desprenderse de su privilegio de clase que el sistema económico perpetúa, el izquierdista progre o el anarquista racionalista apela a lo científico para no desprenderse de su privilegio de especie que la civilización perpetúa.
Y dicen con regocijo que la ciencia y su racionalidad mató al dios de varias religiones con sus respectivas interpretaciones, pero no dicen que también otras mentes disidentes le mataron o contribuyeron a ello, por eso es que tampoco aceptan que la ciencia se convirtió en un nuevo dios o diosa a la cual ahora se arrodillan y defienden contra la herejía antidesarrollista anticivilizatoria y antiprogresista.